2. ¿En qué consiste el mensaje de la Divina Misericordia?
El mensaje de la Divina Misericordia lo constituye el conjunto de revelaciones que sor Faustina recibió de boca de Nuestro Señor Jesucristo entre el 22 de febrero de 1931 y su muerte en 1938. En herencia nos quedó su Diario, que recoge todo lo ocurrido.
Quizás el término central del Diario sea la palabra “confianza”. Dios nos quiere a todos, no importa lo grande que sean nuestras faltas: su misericordia es más grande que todos nuestros pecados. Él quiere que nos acerquemos a Él con confianza y arrepentimiento, porque cuanto más confiemos en Él, más recibiremos. Jesús mismo reconoció que “no puedo castigar aún al pecador más grande si él suplica mi compasión”3. Podríamos decir que Jesús sufre doblemente cuando ve la desesperanza del pecador, porque éste añade, a su pecado, la desconfianza en el perdón de Dios: “la desconfianza de las almas desgarra mis entrañas”4, dijo Jesús a Santa Faustina. En cambio, Él nunca deja de desear “la confianza de mis criaturas (…) Que no tema acercarse a mí el alma débil, pecadora y aunque tuviera más pecados que granos de arena hay en la tierra, todo se hundirá en el abismo de mi misericordia”5.
Este mensaje, en sí impresionante, adquiere todo su contraste cuando se sitúa en contexto histórico: un siglo que ha visto dos guerras mundiales, el genocidio nazi, el comunismo totalitario, y tragedias menos espectaculares pero más devastadoras como la eugenesia y el aborto. También cabe aplicarlo a las circunstancias actuales, desde el fundamentalismo terrorista hasta el ataque a la familia y a la maternidad. El pensamiento occidental está en crisis: Europa niega sus raíces cristianas y se considera una sociedad adulta, que ya no necesita de Dios. El hombre traslada su fe a la ciencia y prefiere vivir como si Dios no existiera. Sin embargo, no dejamos de comprobar que, aunque desde el punto de vista material vivimos mucho mejor, no siempre somos más felices. El pecado, más que nunca, nos quita la paz y corroe nuestra felicidad. En este contexto Jesús nos recuerda que cuando acudan a Él “los pecadores empedernidos, colmaré sus almas de paz y la hora de su muerte será feliz”6.





