3. ¿Está la devoción a la Divina Misericordia muy extendida?
Es difícil calcular la magnitud de la devoción a la Divina Misericordia. Quizás se puede esbozar una respuesta a su pregunta repasando algunas cifras. Por ejemplo, podría citarle por lo menos 25 países en los que hay centros establecidos para la difusión del mensaje de la Divina Misericordia: desde países tradicionalmente católicos como España, Francia, Irlanda, Perú, Colombia, Venezuela, Chile y Argentina, hasta lugares tan diversos como Israel, la India y los Estados Unidos, en los que los católicos son todavía una minoría.
Un dato más: la Divina Misericordia en Facebook tiene a día de hoy más de 21.000 seguidores en español, sin contar las páginas similares en otros idiomas. Y esto no ha hecho más que empezar, con el altavoz de la beatificación de Juan Pablo II muchas más personas van a escuchar este mensaje.
4. ¿Cómo afectó el mensaje de la Divina Misericordia el magisterio de Juan Pablo II?
El mismo Juan Pablo II definió el mensaje de la Divina Misericordia como la clave de lectura privilegiada de su magisterio petrino. Es más, el Papa polaco estaba convencido de que “fuera de la misericordia de Dios, no existe otra fuente de esperanza para el hombre”7. Este convencimiento le llevó a promover la santidad de Faustina Kowalska, a quien él mismo canonizó, y a establecer la fiesta del Domingo de la Divina Misericordia (Segundo Domingo de Pascua) en el año 2000.
El mensaje de la divina misericordia influyó en su predicación y su propia vida. Respecto a su predicación, Benedicto XVI lo resumía así: “Su largo y multiforme pontificado encuentra aquí su núcleo central; toda su misión al servicio de la verdad sobre Dios y sobre el hombre y de la paz en el mundo se resume en este anuncio”8. Esto lo podemos ver, por ejemplo, en una de sus primera encíclicas, “Dives in Misericordia” de 1980, en la que afirma que la Divina Misericordia es la fuerza que transforma el mundo.
5. ¿Y qué influencia tuvo en la vida del Papa Polaco?
En la mirada de Juan Pablo II hacia el mundo, un hecho salta a la vista: su confianza en la misericordia divina, que le ayudó a confrontar de una manera heroica las fuerzas del mal presentes en el mundo. Un primer ejemplo es su experiencia con el nazismo y el comunismo en Polonia, como él mismo reconocía en 1997: “Siempre he apreciado y sentido cercano el mensaje de la divina Misericordia. Es como si la historia lo hubiera inscrito en la trágica experiencia de la segunda guerra mundial. En esos años difíciles fue un apoyo particular y una fuente inagotable de esperanza, no sólo para los habitantes de Cracovia, sino también para la nación entera. Ésta ha sido también mi experiencia personal, que he llevado conmigo a la Sede de Pedro y que, en cierto sentido, forma la imagen de este pontificado. Doy gracias a la divina Providencia porque me ha concedido contribuir personalmente al cumplimiento de la voluntad de Cristo, mediante la institución de la fiesta de la divina Misericordia”9.
En segundo lugar, cabe considerar la importancia de este mensaje a raíz del atentado que estuvo a punto de costarle la vida el 13 de Mayo de 1981. Las imágenes de su visita a Ali Agca en la cárcel constituyen quizás el ejemplo más gráfico del modo en que el Papa polaco asumió el perdón y la misericordia divinos como modelo y esperanza de su propia vida. A la luz de este ejemplo, sus propias palabras adquieren un significado profundo: “La misericordia se manifiesta en su aspecto verdadero y propio, cuando revalida, promueve y extrae el bien de todas las formas de mal existentes en el mundo y en el hombre”10. Con su perdón hacia la persona que había intentado asesinarle, el Papa estaba mostrando al mundo el poder transformador de la misericordia.
Finalmente, no puedo dejar de referirme al fallecimiento de Juan Pablo II, que constituye quizás la prueba más clara de la Misericordia Divina hacia su siervo bueno y fiel. El tránsito del Papa polaco a la vida eterna estuvo inmediatamente precedido por la celebración eucarística del Domingo de la Misericordia Divina. El acto redentor de Dios tomaba ese día un tono si cabe más misericordioso, al estar revestido por la liturgia de la fiesta que el mismo Apóstol de la Misericordia había mandado instituir. Su vida terrena era así coronada con el mensaje central de su pontificado.





