Tomado de Zenit.org
En Roma, en la iglesia de Sant’Andrea delle Frate, donde está el famoso cuadro, la Virgen se le apareció
Por Isabel Orellana Vilches
ROMA, 19 de enero de 2015 (Zenit.org) – Jamás hubiera podido imaginar el noble y acaudalado judío Alphonse Tobie Ratisbonne que una medalla cambiaría por completo su vida. Y es que no se trataba de un objeto cualquiera, sino de la Medalla Milagrosa que María le había entregado en París a santa Catalina Labouré en 1830, haciendo notar que quienes la llevasen confiadamente recibirían muchas gracias. Pero Alphonse no la pendió sobre su cuello voluntariamente. Lo hizo a instancias del barón De Bussières, conocedor de los frutos de la oración que estaban inscritos en su particular itinerario espiritual ya que un día dejó de ser protestante convirtiéndose en un ferviente seguidor y apóstol de Cristo, y que no cejó en su empeño hasta que vio como Ratisbonne también se dejaba seducir por Él.
María es el camino para llegar a su divino Hijo, pero en 1842 no entraba en los planes del joven Alphonse encontrarse con Ella. Este jurista emparentado con la poderosa familia Rothschild daba la espalda al hecho religioso. Incluso se avino a visitar a De Bussières durante su estancia turística en Roma por puro compromiso, venciendo su desagrado porque sus planes eran otros. Y aquél no estaba dispuesto a recibirle en su casa cruzando con él simples palabras formales. Se ofreció como guía y entre las maravillas de la Ciudad Eterna fue conduciendo al joven sabiamente por la vía que iba a desembocar en su conversión. Bastó la confidencia que éste hizo respecto al inexplicable sentimiento que había suscitado en él la visita a la iglesia de Aracoeli, para que Teodoro de Bussières se percatase de que iba bien encaminado.





