Por qué soy católico: La cuestión filosófica Parte I

Además, la investigación acerca de Dios ha sido un tema largamente discutido en la filosofía, pues, a diferencia de las criaturas míticas, el Ser Supremo, su existencia y naturaleza, se encuentra a la base de nuestra comprensión de la realidad. Finalmente, si no por mejor razón, al menos por respeto a las grandes mentes filosóficas que lo han examinado antes, es apropiado dedicar un detallado estudio al tema.

¿Hay pruebas de la existencia de Dios?

Depende cómo definamos “prueba”. Podemos decir que es un argumento con la capacidad de convencernos de algo, pero si fuera así, nada sería una prueba, hasta que estemos convencidos, y lo que sería una prueba para unos no lo sería para otros. Evidentemente, una definición tan inestable no nos sirve, porque introducimos una subjetividad tan importante con esta definición que cada uno podría responder “sí, hay pruebas” o “no, no las hay”, dependiendo de lo que haya decidido cada uno.

Seguramente enfrentada a esta misma disyuntiva, la RAE optó por definir “prueba” mirando a la intención de quien la propone y no al resultado obtenido en el destinatario. Así, prueba es “razón, argumento, instrumento u otro medio con que se pretende mostrar y hacer patente la verdad o falsedad de algo.”

Dicho esto, podemos responder la pregunta inicial con un seguro “sí, hay muchos argumentos con los que se pretende mostrar que Dios existe”. Ahora bien, si son buenas o malas pruebas, eso podemos dejarlo a cada uno.

El argumento ético o “Si Dios no existe, todo está permitido”

Como les contaba unos días atrás, la gran épica de mi juventud fue la recuperación de la democracia en Chile, y por lo tanto, el ambiente de mi niñez fue el imperativo ético de los derechos humanos. Con el tiempo fui madurando y cuestionando cada vez más cosas, y naturalmente tuve que preguntarme “¿De dónde provienen los derechos humanos? ¿Qué hace a nuestra especie diferente del elefante o la hormiga?”, y los únicos que tenían una respuesta eran los cristianos, con su doctrina de que Dios crea especialmente a cada ser humano, con un alma racional, a Su imagen y semejanza, y que por lo tanto cada hombre le pertenece y su dignidad es territorio vedado para otros.

La otra opción disponible era el materialismo, pero no se necesita mucho tiempo para concluir que una corriente que niega la realidad de todo cuanto no tenga existencia material, necesariamente ha de tener por meras fantasías conceptos como “la dignidad” o “los derechos humanos”.

¿Podemos considerar esta posibilidad? ¿Que la ética y los derechos humanos no sean más que una ilusión de mi mente?

Desde luego el efecto de tal premisa en la ética sería desastroso, porque no sólo negamos los absolutos morales, sino además que las personas actúen con libertad cuando dañan a otro; y por el contrario, correspondería afirmar que loas actos humanos se encuentran determinado por patrones neuronales (azarosos o predecibles) que no puedo alterar y de los que no soy responsable. Mi problema (personal, lo admito) con esta forma de entender el mundo es que, si esto fuera cierto, todavía no sería capaz de decir que no está mal dañar a otros, ser infiel a mi esposa, o torturar a un prisionero político.

A su vez, puede ser que esta “intuición ética” tampoco sea más que una ilusión, pero entonces, si mi mente es tan poderosa que puede crear ilusiones de bondad o maldad, a pesar de que la lógica me indica irrefutablemente lo contrario ¡entonces tal vez mi mente no sea de confiar! y  en ese caso he destruido completamente mi capacidad de conocer la realidad y de afirmar algo acerca de ella.

No ayuda mucho el suponer que las “intuiciones éticas” de las que venimos hablando son producto de una implantación social o biológica, porque en ambos casos se llega a absurdos, como que, bajo el imperativo reproductivo de la evolución sería lícito violar a una mujer fértil, o bajo el imperativo social, lo sería torturar al enemigo de la comunidad.

La conciencia, en cambio, “se eleva” por sobre ambas realidades y se reserva el derecho de juzgarlas (en una de las pocas experiencias universales a todos los hombres), lo que nos abre nuevamente la pregunta ¿desde dónde? ¿según qué estándar trascendente a los determinismos biológicos y sociales? Nuevamente el cristianismo responde “desde lo alto, porque la conciencia es la voz de Dios en el alma”, y el materialismo balbucea algunas tonterías acerca del relativismo moral, pero nadie es relativista cuando agentes del Estado se llevan a tus familiares detenidos en medio de la noche.

Un escéptico podría retrucar y decir “el mismo criterio podría aplicarse a Dios, y decir que Él actúa inmoralmente”. Ejemplos no faltan, todos nos sentimos así alguna vez, y nos encendemos en ira contra Dios por algo que percibimos como un sufrimiento injusto o un dolor insoportable, pero un análisis más tranquilo nos indica que no puede el hombre no puede exigir justicia ante Él. En efecto, si Dios es el Ser Supremo, entonces todos los restantes seres reciben todo de él, hasta su misma calidad de ser, y por lo tanto no tienen una razón diferente a Dios mismo para existir, ni para exigirle a Dios que se comporte de uno u otro modo. Dicho de otro modo, si existe una razón, libertad o derecho anterior a Dios, entonces Dios ya no es el Ser Supremo, lo que es absurdo.

A este punto, puede servir de ilustración la imagen entre Cervantes y Don Quijote. El personaje debe toda su existencia al autor, y no hay nada suyo que no le haya sido otorgado por Cervantes; una vez en su lecho de muerte y recuperada la cordura, puede lamentar su suerte, sus años de locura y el sufrimiento causado a Sancho y a otros personajes, pero ¿Podría invocar algún derecho para que su creador le hubiera dado otra vida? ¿alguna razón que obligara a Cervantes a escribir otro final? Desde luego que no, porque el hidalgo de La Mancha es la criatura, y el vate

En conclusión, es necesario que Dios, un ente capaz de determinar la existencia de absolutos morales (como los derechos humanos y la libertad), exista, o debo admitir que mi mente es capaz de crear percepciones que no puedo negar, a pesar que existen más allá de la lógica y la realidad, es decir, que estoy loco.

Algunos ateos consideran ofensivo este argumento, pensando que se les acusa de inmorales por negar la existencia de Dios. Pero no es así, porque, dada la facilidad que tenemos los seres humanos para inventarnos excusas, una cosa es comportamiento ético de una persona y otra sus creencias.

De este modo tenemos por un lado la mayoría de los que se definen cristianos que se comportan como si no fueran a ser juzgados por sus actos; y por otro, la mayoría de los ateos que se conducen conforme a los más altos estándares de respeto por principios como la dignidad del hombre y la tolerancia. Malos creyentes, y malos ateos.

 Parte II

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *