Tomado de: fluvium.org
Por: Alfonso Aguiló
— Pero, ¿y qué dices del gran patrimonio de la Iglesia católica?
La Iglesia ha ido levantando templos, hospitales, dispensarios, orfanatos, seminarios, escuelas y otros edificios, los que en cada momento -con mayor o menor acierto- se consideraron adecuados para mejor cumplir su misión.
Todo eso es un patrimonio que ha nacido en cada caso para el culto y para la evangelización, y que, por grande que pueda parecer -se ha acumulado a lo largo de dos mil años-, no es una fuente importante de beneficios, sino más bien lo contrario. En el mejor de los casos, equilibra los gastos de mantenimiento. Tiene sobre todo un valor de uso, que es el que suele justificar su existencia.
— Pero algunos de esos edificios tienen ahora un gran valor inmobiliario, y hay museos con obras de gran valor artístico. La Iglesia podría venderlo todo y entregarlo a los pobres.
Es verdad que hay cosas de gran valor, pero de muy difícil aprovechamiento mercantil. De entrada, la mayoría de los Estados prohíben vender los bienes de interés cultural. Además, ¿a quién iba a vender la Iglesia una catedral, o una iglesia de pueblo…, o el mismísimo Museo Vaticano? Por otro lado, sería como pedir al Ministro de Hacienda que enjugue el déficit público del país este año vendiendo todos los cuadros del Museo del Prado: no creo que la historia juzgara muy bien semejante operación.



