Tomado de gaudiumpress.org
2 de octubre fiesta de los Santos Angeles custodios
El Ángel de la Guarda nos acompaña siempre a cada uno de nosotros, pero pocas personas reciben la gracia de poder sentir físicamente la presencia de ese protector.
Nuestros Ángeles guardianes permanecen a nuestro lado incansables, solícitos, bondadosos, listos para ayudarnos en todo cuanto requiramos, ya sean necesidades materiales o espirituales. Veamos algunos ejemplos de personas favorecidas con la gracia de ver a su Ángel de la Guarda y conversar él en repetidas ocasiones.
Por cierto, en nuestros días inquietos, eso contribuirá para aumentar en nosotros la devoción a nuestro mejor amigo, y nos estimulará a recurrir con más empeño a su concurso.
Santa Gemma Galgani
“¿No tienes vergüenza de pecar en mi presencia?”
Santa Gemma Galgani (1878-1903) tuvo la constante compañía de su Ángel protector, con quien mantenía un trato familiar. Ella lo veía, rezaban juntos, y él hasta incluso dejaba que ella lo tocase. En fin, Santa Gemma tenía su Ángel de la Guarda en la condición de un amigo siempre presente. Él le prestaba todo tipo de ayuda, incluso llevando mensajes a su confesor, en Roma.
Este sacerdote, el padre Germano de Santo Estanislao, de la Orden de los Pasionistas, fundada por San Pablo de la Cruz, dejó en una narración la convivencia de Santa Gemma con su celeste protector: “Frecuentes veces al preguntarle yo si el Ángel de la Guarda permanecía siempre en su puesto, al lado de ella, Gemma se volvía para él con unas ganas encantadoras y luego se quedaba en un éxtasis de admiración todo el tiempo que lo fijaba”. Ella lo veía durante todo el día. Al dormir le pedía que velase a la cabecera de la cama y que le hiciese una señal de la Cruz en la frente. Cuando despertaba, por la mañana, tenía la inmensa alegría de verlo a su lado, como ella misma contó a su confesor: “Esta mañana, cuando me desperté, allá lo tenía junto a mí”.
Cuando iba confesarse y precisaba de auxilio, sin demora su Ángel la ayudaba, según cuenta: “[Él] me trae al espíritu las ideas, me dicta hasta algunas palabras, de forma que no siento dificultad en escribir”. Además de eso, su Ángel de la Guarda era un sublime maestro de vida espiritual, enseñándole cómo proceder rectamente: “Recuerda, hija mía, que el alma que ama a Jesús habla poco y se abniega mucho. Te ordeno, de parte de Jesús, que nunca des tu parecer si no te es pedido, y que no defiendas tu opinión, sino que cedas luego”. Y todavía agregaba: “Cuando cometieres cualquier falta, acúsate luego de ella sin esperar que te interroguen. En fin, no te olvides de resguardar los ojos, porque los ojos mortificados verán las bellezas del Cielo”.
A pesar de no ser religiosa, llevando una vida común, Santa Gemma Galgani deseaba consagrarse de manera más perfecta al servicio de Nuestro Señor Jesucristo. Sin embargo, como a veces puede suceder, el simple anhelo de santidad no basta; es preciso la sabia instrucción de quien nos guía, aplicada con firmeza. Y así acontecía a Santa Gemma. Su suavísimo y celeste compañero, que todo el tiempo estaba bajo su mirada, no colocaba de lado la severidad cuando, por algún deslice, su protegida dejaba de seguir las vías de la perfección. Cuando, por ejemplo, resolvió usar algunas joyas de oro, con cierto complacimiento, para visitar un pariente de quien las había recibido de regalo, oyó una saludable amonestación de su Ángel, al regresar a casa, que la miraba con severidad: “Recuerda que los collares preciosos, para adorno de la esposa de un Rey crucificado, solo pueden ser sus espinas y su Cruz”.
Fuese cual fuese la ocasión en que Santa Gemma se desviase de la santidad, luego una angélica censura se hacía oír: “¿No tienes vergüenza de pecar en mi presencia?”. Además de custodio, bien se ve que el Ángel de la Guarda desempeña el excelente oficio de maestro de perfección y modelo de santidad.
San Pío de Pietrelcina
Familiaridad con los Ángeles
Entre los santos que se han visto favorecidos con los Ángeles la Guarda también está San Pío de Pietrelcina (1887-1968), próximo a nosotros. Dotado de muchos dones místicos, incluso el de los estigmas, esto es, las llagas de la crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo, era un grande incentivador de la devoción a los Ángeles de la Guarda. En diversas ocasiones recibió recados de los Ángeles de la Guarda de personas que, a distancia, necesitaban de algún auxilio de él.
Un señor de nombre Franco Rissone, sabiendo del constante empeño de San Pío para una mayor devoción a los celestes custodios, todas las noches, del hotel donde estaba hospedado, enviaba su Ángel de la Guarda al padre Pío para que le transmitiese los mensajes deseados. Franco dudaba que el Santo oyese sus recados. Cierto día, al confesarse con San Pío, preguntó: “¿Vuestra Reverendísima oye realmente lo que le mando decir por el Ángel de la Guarda?”. A lo que el religioso respondió: “¿Pero entonces juzgas que estoy sordo?”.
Las incertezas de muchos con relación a la convivencia de San Pío de Pietrelcina con los Santos Ángeles, a pesar de no indicar confianza, servían, entretanto, para resaltar aún más esta su familiaridad con los Ángeles.
Cierta señora, de nombre Franca Dolce, resolvió preguntar a San Pío lo siguiente: “Padre, una de estas noches mandé al Ángel de la Guarda tratar con Vuestra Reverendísima unos asuntos delicados. ¿Vino o no vino?”. Respondió el confesor: “¿Juzgas, por ventura, que tu Ángel de la Guarda es tan desobediente como tú?”. La señora, queriendo saber más, agregó: “Bueno, entonces, vino; ¿y qué es que él le dijo?”. San Pío respondió: “Pues, me dijo lo que tú le dijiste que me dijese”. No contenta con la respuesta, la señora volvió a preguntar: “¿Pero qué fue?”. San Pío respondió: “Me dijo…”, y entonces repitió con exactitud todas las palabras que la señora dictara al Santo Ángel, para sorpresa de ella misma.
Todavía más elocuente es el hecho ocurrido con otra señora, llamada Banetti, campesina residente a algunos kilómetros de Turín, en Italia. El día 20 de septiembre, fecha en que se conmemoraba la recepción de los estigmas del padre Pío, era costumbre que las personas más devotadas del santo confesor le enviaran cartas de las más variadas partes de Italia y hasta de otros países.
La señora Banetti no encontró quien fuera a la ciudad para poner su carta en el correo. Se encontraba afligida por no poder enviar sus saludos a San Pío. Se acordó, entretanto, de la recomendación que le hiciera el Santo, en la última vez que con él estuvo: “Cuando sea preciso, manda tu Ángel de la Guarda conmigo”. En el mismo instante dirigió una oración a su celeste guardador: “Oh mi buen Ángel, llevad vos mismo mis saludos al padre, pues no tengo otra forma de mandarlos”. Pocos días después, la señora Banetti recibe una carta venida de San Giovanni Rotondo, lugar donde vivía San Pío, enviada por la señora Rosine Placentino, con las siguientes palabras: “El padre me pide que le agradezca en su nombre los votos espirituales que le enviaste”.
Se autoriza su publicación desde que cite la fuente.
(Revista Arautos do Evangelho)






Desde la infancia a la muerte, la vida de humana esta rodeada de su custodia. “Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida”. Desde esta tierra, la vida cristiana participa, por la fe, en la sociedad bienaventurada de los ángeles y de los hombres, unidos en Dios. CIC 336
La vida humana comienza en el momento de la concepción. Es en ese momento que Dios crea nuestra alma y se deduce que es entonces cuando se nos asigna el ángel custodio.
Los ángeles custodios están encargados de velar por cada uno de nosotros, protegiéndonos de los peligros y alentando nuestra vida en Cristo. Deberíamos ser agradecidos con nuestro ángel e invocar su protección y guía.
Fundamentos Bíblicos:
Exodo 23, 20-23a: Así habla el Señor: «Yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te proteja en el camino y te conduzca hasta el lugar que te he preparado. Respétalo y escucha su voz. No te rebeles contra él, porque no les perdonará las transgresiones, ya que mi Nombre está en él. Si tú escuchas realmente su voz y haces todo lo que yo te diga, seré enemigo de tus enemigos y adversario de tus adversarios. Entonces mi ángel irá delante de ti.»
Mateo 18,10: Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos.
San Basilio: “Todo fiel tiene junto a sí un ángel como tutor y pastor, para llevarlo a la vida” (cf. San Basilio, Adv, Eunomium, III, 1; véase también Santo Tomás, S. Th., I, q. 11, a. 3).
La Iglesia recomienda el recurso a su protección.
La Iglesia celebra la fiesta de los ángeles custodios desde el Siglo XVII. Fue instituida por el Papa Clemente X.
Muchos santos han dado testimonio de una bella relación con sus ángeles custodios:
La existencia de los ángeles, una verdad de fe.
328 La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición.
Quiénes son los ángeles
329 San Agustín dice respecto a ellos: “Angelus officii nomen est, non naturae. Quaeris nomen huius naturae, spiritus est; quaeris officium, angelus est: ex eo quod est, spiritus est, ex eo quod agit, angelus” (“El nombre
de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel”). Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan “constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos” (Mt 18, 10), son “agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra” (Sal 103, 20).
330 En tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales e inmortales. Superan en perfección a todas las criaturas visibles. El resplandor de su gloria da testimonio de ello. Cristo “con todos sus ángeles”
331 Cristo es el centro del mundo de los ángeles. Los ángeles le pertenecen: “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles… (Mt 25, 31). Le pertenecen porque fueron creados por y para El: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él” (Col 1, 16).
Le pertenecen más aún porque los ha hecho mensajeros de su designio de salvación: “¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación?” (Hb 1, 14).
332 Desde la creación y a lo largo de toda la historia de la salvación, los encontramos, anunciando de lejos o de cerca, esa salvación y sirviendo al designio divino de su realización: cierran el paraíso terrenal protegen a Lot, salvan a Agar y a su hijo, detienen la mano de Abraham, la ley es comunicada por su ministerio (cf Hch 7, 53), conducen el pueblo de Dios, anuncian nacimientos y vocaciones, asisten a los profetas, por no citar más que algunos ejemplos. Finalmente, el ángel Gabriel anuncia el nacimiento del Precursor y el de Jesús.
333 De la Encarnación a la Ascensión, la vida del Verbo encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los ángeles. Cuando Dios introduce “a su Primogénito en el mundo, dice: `adórenle todos los ángeles de Dios'” (Hb 1, 6). Su cántico de alabanza en el nacimiento de Cristo no ha cesado de resonar en la alabanza de la Iglesia: “Gloria a Dios… (Lc 2, 14). Protegen la infancia de Jesús, sirven a Jesús en el desierto, lo reconfortan en la agonía, cuando El habría podido ser salvado por ellos de la mano de sus enemigos como en otro tiempo Israel. Son también los ángeles quienes “evangelizan” (Lc 2, 10) anunciando la Buena Nueva de la Encarnación, y de la Resurrección de Cristo. Con ocasión de la segunda venida de Cristo, anunciada por los ángeles, éstos estarán presentes al servicio del juicio del Señor.
Los ángeles en la vida de la Iglesia
334 De aquí que toda la vida de la Iglesia se beneficie de la ayuda misteriosa y poderosa de los ángeles.
335 En su liturgia, la Iglesia se une a los ángeles para adorar al Dios tres veces santo; invoca su asistencia (así en el “Supplices te rogamus…” [“Te pedimos humildemente…”] del Canon romano o el “In Paradisum deducant te angeli…” [“Al Paraíso te lleven los ángeles…”] de la liturgia de difuntos, o también en el “Himno querúbico” de la liturgia bizantina) y celebra más particularmente la memoria de ciertos ángeles (san Miguel, san Gabriel, san Rafael, los ángeles custodios).
336 Desde la infancia a la muerte, la vida humana está rodeada de su custodia y de su intercesión. “Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida”. Desde esta tierra, la vida cristiana participa, por la fe, en la sociedad bienaventurada de los ángeles y de los hombres, unidos en Dios.
Los Nueve Coros de ángeles. Jerarquía
Desde el Seudo Dionisio (siglo VI), Padre de la Iglesia, suelen enumerarse tres jerarquías con tres coros cada una, sumando un total de
nueve Coros u Ordenes Angélicos.
Primera Jerarquía (Estos ángeles de la mas alta jerarquía se dedican exclusivamente a glorificar, amar y alabar a Dios en su presencia).
Serafines, Querubines y Tronos.
Segunda Jerarquía
Dominaciones, Virtudes y Potestades (gobiernan el espacio y las estrellas. Son los responsables del universo entero).
Tercera Jerarquía
Principados, Arcángeles y Ángeles. Son los que intervienen en todas nuestras necesidades; esto lo vemos también en la Biblia, cuando se nos presenta la intervención de
los arcángeles San Miguel, San Gabriel y San Rafael, vemos que directamente intervienen en la vida de los hombres, cada uno con su propia misión dada por el mismo Dios. También se les ha dado la misión de proteger naciones, ciudades e Iglesias. La visión del profeta Daniel es la que confirma esta misión. (Dn 7 y 8) El cuidado de la Iglesias se confirma con el pasaje de Ap. 1:20 cuando se refiere a los Ángeles de las siete Iglesias.
Algunos autores y Místicos, dividen a los ángeles entre asistentes al Trono Divino, y Mensajeros de Dios para cumplir diversas misiones por encargo suyo. Así por ejemplo, el Libro de Tobías tiene como
personaje central alArcángel Rafael, el cual desempeña un
oficio protector admirable y nos muestra el Amor de Dios manifestado en el ministerio de los Ángeles: “Yo soy Rafael, uno de los siete Santos Ángeles que presentamos las oraciones de los justos y tiene entrada ante la majestad del Santo” (To. 12,15).
Oración
Angel santo de la guarda,
compañero de mi vida,
tú que nunca me abandonas,
ni de noche ni de día.
Aunque espíritu invisible,
sé que te hallas a mi lado,
escuchas mis oraciones
y cuentas todos mis pasos.
En las sombras de la noche,
me defiendes del demonio,
tendiendo sobre mi pecho
tus alas de nácar y oro.
Angel de Dios, que yo escuche
tu mensaje y que lo siga,
que vaya siempre contigo
hacia Dios, que me lo envía.
Testigo de lo invisible,
presencia del cielo amiga,
gracias por tu fiel custodia,
gracias por tu compañía.
En presencia de los ángeles,
suba al cielo nuestro canto:
gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo. Amén
Los Angeles custodios son unos de los mayores regalos de Dios, estan a nuestro lado y nos acompañan siempre, aunque los olvidemose ellos nunca se separan ni nos olvidan, nos cuidan y proteje, respetan nuestra libertad como hijos de Dios que somos.
a si mismo es. benditos sean y bendito sea el Padre Creador.
Sus ángeles en el cielo, ven el rostro del Padre
Mateo 18, 1-5.10. Ángeles Custodios. Para que la relación con el ángel custodio sea eficaz, necesita hablar con él, llamarle.
Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net
Del santo Evangelio según san Mateo 18, 1-5.10
En aquel momento se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron:«¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?» El llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. «Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. «Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos.
Oración preparatoria Gracias, Padre por enviar a tus santos ángeles para cuidarnos. Ángel custodio, te pido tu especial protección en esta oración en la que, con la gracia del Espíritu Santo, confío podré conocer, amar e identificarme cada día más con la voluntad de Dios. Protégeme de todo mal y condúceme hacia Cristo.
Petición
Señor, dame la humildad de un niño, que sabe reconocerse criatura y servidor de los demás.
Meditación del Papa Francisco
Es curioso, Dios no tiene dificultad a hacerse entender por los niños, y los niños no tienen problemas para entender a Dios. No por casualidad en el Evangelio hay algunas palabras muy bonitas y fuertes de Jesús sobre los “pequeños”. Este término, “pequeños”, indica a todas las personas que dependen de la ayuda de los otros, y en particular a los niños. Por ejemplo Jesús dice: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños”. Y también: “Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial”.
Por tanto, los niños son en sí mismos un riqueza para la humanidad y para la Iglesia, porque nos llaman constantemente a la condición necesaria para entrar en el Reino de Dios: la de no considerarse autosuficientes, sino necesitados de ayuda, de amor, de perdón. Y todos estamos necesitados de ayuda, amor y perdón. Todos.
Los niños nos recuerdan otra cosa bonita, nos recuerdan que siempre somos hijos: también si uno se convierte en adulto, o anciano, también si se convierte en padre, se ocupa una puesta de responsabilidad, por encima de todo esto permanece la identidad de hijo. ¡Todos somos hijos! Y esto nos lleva siempre al hecho de que la vida no nos la hemos dado solos, sino que la hemos recibido. El gran don de la vida, es el primer regalo que hemos recibido. La vida. A veces corremos el peligro de vivir olvidándonos de esto, como si nosotros fuéramos los dueños de nuestra existencia, y sin embargo somos radicalmente dependientes. (Catequesis de S.S. Francisco, 18 de marzo de 2015).
Reflexión
El mundo de hoy sólo acepta a los “grandes”, a los mejores, a los primeros en el ámbito económico. Se ve también en los jóvenes, cómo ansían tener lo mejor del momento, aunque no les falte nada o lo tengan todo. Esto ha provocado que el hombre se olvide de su dignidad, de que está hecho para conseguir ideales más grandes, que un poco de gloria, por tener abundantes riquezas, no pueden dar.
Así es nuestro mundo, o mejor así hemos hecho nuestro mundo. Pero la realidad de Dios es otra. Es opuesta a los criterios del mundo. Cristo nos dice que si queremos ser los primeros seamos los últimos, y si queremos ser los más grandes sirvamos a todos. Lo que más vale en el hombre es su vida interior, sus virtudes, su voluntad, y no cuánto tiene o posee.
Por eso los más grandes en el Reino de los Cielos son los que son como niños, porque Dios ama a los pequeños de espíritu. ¿Cómo podemos hacernos niños ante Dios? La solución es sencilla, pero muy difícil por lo que significa para cada persona. Hay que ser humildes a ejemplo de Cristo, que supo decir que sí a lo que el Padre le pedía aun cuando le costase muchísimo.
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Hoy celebramos a los Ángeles Custodios
¿Quiénes son?
Dios ha asignado a cada hombre un ángel para protegerle y facilitarle el camino de la salvación mientras está en este mundo. Afirma a este respecto San Jerónimo: “Grande es la dignidad de las almas cuando cada una de ellas, desde el momento de nacer, tiene un ángel destinado para su custodia”.
En el Antiguo Testamento se puede observar cómo Dios se sirve de sus ángeles para proteger a los hombres de la acción del demonio, para ayudar al justo o librarlo del peligro, como cuando Elías fue alimentado por un ángel (1 Reyes 19, 5.)
En el nuevo Testamento también se pueden observar muchos sucesos y ejemplos en los que se ve la misión de los ángeles: el mensaje a José para que huyera a Egipto, la liberación de Pedro en la cárcel, los ángeles que sirvieron a Jesús después de las tentaciones en el desierto.
La misión de los ángeles custodios es acompañar a cada hombre en el camino por la vida, cuidarlo en la tierra de los peligros de alma y cuerpo, protegerlo del mal y guiarlo en el difícil camino para llegar al Cielo. Se puede decir que es un compañero de viaje que siempre está al lado de cada hombre, en las buenas y en las malas. No se separa de él ni un solo momento. Está con él mientras trabaja, mientras descansa, cuando se divierte, cuando reza, cuando le pide ayuda y cuando no se la pide. No se aparta de él ni siquiera cuando pierde la gracia de Dios por el pecado. Le prestará auxilio para enfrentarse con mejor ánimo a las dificultades de la vida diaria y a las tentaciones que se presentan en la vida.
Muchas veces se piensa en el ángel de la guarda como algo infantil, pero no debía ser así, pues si pensamos que la persona crece y que con este crecimiento se tendrá que enfrentar a una vida con mayores dificultades y tentaciones, el ángel custodio resulta de gran ayuda.
Para que la relación de la persona con el ángel custodio sea eficaz, necesita hablar con él, llamarle, tratarlo como el amigo que es. Así podrá convertirse en un fiel y poderoso aliado nuestro. Debemos confiar en nuestro ángel de la guarda y pedirle ayuda, pues además de que él nos guía y nos protege, está cerquísima de Dios y le puede decir directamente lo que queremos o necesitamos. Recordemos que los ángeles no pueden conocer nuestros pensamientos y deseos íntimos si nosotros no se los hacemos saber de alguna manera, ya que sólo Dios conoce exactamente lo que hay dentro de nuestro corazón. Los ángeles sólo pueden conocer lo que queremos intuyéndolo por nuestras obras, palabras, gestos, etc.
También se les pueden pedir favores especiales a los ángeles de la guarda de otras personas para que las protejan de determinado peligro o las guíen en una situación difícil.
El culto a los ángeles de la guarda comenzó en la península Ibérica y después se propagó a otros países. Existe un libro acerca de esta devoción en Barcelona con fecha de 1494.