Cristo asciende gloriosamente al cielo en cuerpo y alma

Tomado de Infocatolica.com

Venciendo al pecado y a la muerte, al Diablo y al mundo

«No se turbe vuestro corazón… En la Casa de mi Padre hay muchas moradas. Cuando yo me haya ido y os haya preparado el lugar, de nuevo volveré y os tomaré conmigo, para que donde yo estoy estéis también vosotros» (Jn 14,1-3)

Ayer celebramos gozosamente la Solemnidad de la Ascensión del Señor, y con tal motivo reproducimos la reflexión de San Agustín sobre este día tan especial.

San Agustín, Sermón sobre la Ascensión del Señor (Mai 98, 1-2)

Nuestro Señor Jesucristo ascendió al cielo tal día como hoy; que nuestro corazón ascienda también con él.

Escuchemos al Apóstol: «Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Y así como él ascendió sin alejarse de nosotros, nosotros estamos ya allí con él, aun cuando todavía no se haya realizado en nuestro cuerpo lo que nos ha sido prometido».

Él fue ya exaltado sobre los cielos; pero sigue padeciendo en la tierra todos los trabajos que nosotros, que somos sus miembros, experimentamos. De lo que dio testimonio cuando exclamó: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Así como también dijo, tuve hambre, y me disteis de comer».

¿Por qué no vamos a esforzarnos sobre la tierra, de modo que gracias a la fe, la esperanza y la caridad, con las que nos unimos con él, descansemos ya con él en los cielos? Mientras él está allí, sigue estando con nosotros; y nosotros, mientras estamos aquí, podemos estar ya con él allí. Él realiza aquello con su divinidad, su poder y su amor; nosotros, en cambio, aunque no podemos llevarlo a cabo como él con la divinidad, sí que podemos por el amor hacia él.

No se alejó del cielo, cuando descendió hasta nosotros; ni de nosotros, cuando regresó hasta él. Él mismo es quien asegura que estaba allí mientras estaba aquí: «nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo».

Esto se refiere a la unidad, ya que es nuestra cabeza, y nosotros su cuerpo. Y nadie, excepto él, podría decirlo, ya que nosotros estamos identificados con él, en virtud de que él, por nuestra causa, se hizo Hijo del hombre, y nosotros, por él, hemos sido hechos hijos de Dios […] Por tanto, Cristo es un solo cuerpo formado por muchos miembros.

Bajó, pues, del cielo por su misericordia, pero ya no subió él solo, puesto que nosotros subimos también en él por la gracia. Así, pues, Cristo descendió él solo, pero ya no ascendió él solo. No es que queramos confundir la dignidad de la cabeza con la del cuerpo, pero sí afirmamos que la unidad de todo el cuerpo pide que éste no sea separado de su cabeza.

3 Comments

    1. San Gregorio glorioso, obispo insigne,
      llamado el Iluminador por dar luz a quien la necesita,
      por aclarar los caminos y llenarlos de esperanza;
      bendito evangelizador que seguiste las enseñanzas de san Pablo
      y propagaste las semillas de la fe
      para que todos conocieran las Sagradas Escrituras,
      supieran del poder vivificador de Jesús
      y la misericordia y amor que el Altísimo tiene hacia sus hijos.
      San Gregorio, santo aclamado por tu entrega al necesitado,
      por tus constantes obras en favor del prójimo
      por ser ejemplo de virtud y no dejar de hacer el bien
      y entregarte en cuerpo y alma, aún en las peores circunstancias,
      y sin pedir nada a cambio,
      hoy te ruego, lléname de esa fe que te hizo invencible,
      de esa esperanza que te hizo fuerte
      y de esa caridad que te hizo alcanzar la santidad.

      Santo que por no renegar de tus creencias sufriste martirio
      y padeciste soledad, dolor y tribulaciones,
      tú que ahora gozas de la merecida Gloria de los Cielos,
      pide al Señor por los que pasamos pesadumbres y desasosiegos.

      Tú que con tus palabras y acciones siempre ofreciste consuelo,
      protección y asistencia a los mas desfavorecidos,
      tú que llevaste justicia al oprimido y fuerza al temeroso,
      tú que rescataste a los cautivos, liberaste a los prisioneros,
      sanaste a los enfermos, acompañaste al triste
      y no te olvidaste jamás de dar auxilio necesitado,
      envíame un rayo de luz ahora que me siento desesperado
      y no sé como salir de mis múltiples necesidades.

      San Gregorio acudo a ti lleno de confianza
      para que seas mi bendito mediador con Dios.

      Por tu compasión hacia los que sufren injusticias,
      hacia los que padecen por motivos judiciales y legales,
      pide llegue a mi victoria y salga con bien de mis asuntos
      y cuanto antes se aleje este mal momento que me aflige:

      (pedir por juicios, papeles, tramites, demandas y otros casos legales).

      Por tu amor hacia los que sufren necesidades y carencias,
      pide llegue a mi la solución a mis problemas financieros,
      haz que se acabe esta penosa situación por la que paso,
      que es la causa de mi desasosiego y tristeza
      y no me permite hacer frente a los gastos y pagos de mi hogar:

      (pedir lo que se desea conseguir en lo económico).

      Por tu dedicación y entrega hacia los carentes de salud
      y las muchas curaciones milagrosas has obrado y obras,
      intercede ante nuestro Señor y pide por favor sea sanado,
      pide auxilio para que se pasen mis dolores,
      cura esta enfermedad que me hace sufrir tanto,
      y con la siempre vencedora señal de la Cruz
      ayúdame a alcanzar la gracia de la perfecta salud:

      (decir la enfermedad y lo que se quiere conseguir).

      Bienaventurado san Gregorio el Iluminador,
      asísteme para que consiga la Luz que necesito en mi vida,
      ruega por mí al Padre Todopoderoso y Eterno,
      Él, que es nuestra vida y nuestra salvación
      Él, que es generoso y perdona nuestros pecados,
      Él, que concede bienes y es magnánimo con sus hijos,
      Él, que es Justo y es Dios de Justicia
      y otorga abundante misericordia a sus criaturas,
      puede hacer que mis necesidades y problemas se resuelvan,
      puede darme la tranquilidad de alma y cuerpo
      para que viéndome libre de tanta adversidad
      pueda alabarle y bendecirle por los siglos de los siglos.

      Así sea.

      Rezar tres Padrenuestros, Avemaría y Gloria.
      Hacer la oración y los rezos tres días seguidos,
      pidiendo la ayuda que se necesita con inmensa fe y esperanza.

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