¿Por qué los Católicos veneramos Reliquias? ¿Es esto bíblico?

Tomado de Pildorasdefe.net

Las reliquias nos recuerdan la santidad de una persona y su cooperación en la obra de Dios, que imitaron en fidelidad las virtudes de Cristo

Las reliquias son objetos que incluyen los restos físicos de un santo (o de una persona que se considera sagrada, aún no canonizada oficialmente), así como también objetos que han sido “santificados” por haber estado en contacto o pertenecido a un Santo.

Por lo general, se dividen en tres clases. Reliquias de primera, segunda y tercera clase.

Las Reliquias de primera clase son el cuerpo o fragmentos del cuerpo de un santo, como trozos de hueso o carne.

Las Reliquias de segunda clase es algo que perteneció a un santo, como una camisa o un libro (o fragmentos de los artículos).

Las Reliquias de tercera clase son aquellos artículos que un santo ha tocado o que han sido tocados por alguna otra reliquia de primera, segunda o tercera clase.

Las reliquias en las Sagradas Escrituras

El uso de reliquias tiene algunas bases en las Sagradas Escrituras. En el segundo Libro de Reyes (2,9-14), el profeta Eliseo recogió el manto de Elías cuando este fue llevado al cielo en una carroza de fuego conducida por caballos de fuego. Con este mando, Eliseo golpeó las aguas del Jordán, que luego se separaron para que pudieran cruzar.

Más adelante, en otro pasaje del mismo Libro (13,20-21), algunas personas se apresuraron a enterrar a un muerto en la tumba de Eliseo, pero cuando el hombre entró en contacto con los huesos de Eliseo, el cuerpo del hombre muerto volvió a la vida y se puso de pie”

En los Hechos de los Apóstoles tenemos un caso muy particular en la vida de San Pablo, en la cual leemos:

“Por intermedio de Pablo, Dios realizaba milagros poco comunes, hasta tal punto que al aplicarse sobre los enfermos pañuelos o lienzos que habían tocado el cuerpo de Pablo, aquellos se curaban y quedaban libres de los malos espíritus” (Hch 19,11-12)

En estos tres pasajes, se denota una reverencia al cuerpo real o la ropa de estas personas muy santas que eran de hecho, instrumentos escogidos de Dios, Elías, Eliseo y San Pablo.

De hecho, los milagros estaban conectados a estas reliquias, no es que existía algún poder mágico en ellas, sino que, al igual que la obra de Dios se realizaba a través de las vidas de esos hombres santos, de la misma manera su trabajo continuó después de sus muertes, sea con sus restos mortales o cosas que les pertenecían, por haber alcanzado niveles altos de santidad.

En el caso de nuestro Señor Jesucristo, podemos decir que, todos los acontecimientos de su vida están clasificados al nivel más alto de santidad, es Dios mismo encarnado, y también el poder de Dios se manifestó en todas las cosas que poseía o tocaba. Tal fue el caso de la hemorroísa, que tan sólo tocando el manto de Jesús quedó sanada (Cfr Mc 5,21-34)

¿Qué dice la Iglesia sobre las reliquias?

En el año 1563, el Concilio de Trento defendió la invocación de las oraciones de los santos y la veneración de sus reliquias y lugares de enterramiento:

“Manda el santo Concilio a todos los Obispos, y demás personas que tienen el cargo y obligación de enseñar, que instruyan con exactitud a los fieles ante todas cosas, sobre la intercesión e invocación de los santos, honor de las reliquias, y uso legítimo de las imágenes, según la costumbre de la Iglesia Católica y Apostólica, recibida desde los tiempos primitivos de la religión cristiana, y según el consentimiento de los santos Padres, y los decretos de los sagrados concilios; enseñándoles que los santos que reinan juntamente con Cristo, ruegan a Dios por los hombres; que es bueno y útil invocarlos humildemente, y recurrir a sus oraciones, intercesión, y auxilio para alcanzar de Dios los beneficios por Jesucristo su hijo, nuestro Señor, que es sólo nuestro redentor y salvador…

Instruyan también a los fieles en que deben venerar los santos cuerpos de los santos mártires, y de otros que viven con Cristo, que fueron miembros vivos del mismo Cristo, y templos del Espíritu Santo, por quien han de resucitar a la vida eterna para ser glorificados, y por los cuales concede Dios muchos beneficios a los hombres…”

Desde ese entonces, la Iglesia ha tomado medidas estrictas para garantizar la buena conservación y la veneración de las reliquias.

El Código de Derecho Canónico (nº 1190), prohíbe absolutamente la venta de reliquias sagradas y no pueden ser “válidamente enajenadas o perpetuamente Transferidas” sin permiso de la Santa Sede.

Además, el código también respalda el lugar apropiado para tener las reliquias en nuestras prácticas católicas. (Canon n° 1237):

“Se deben dedicar los altares fijos, y dedicar o bendecir los móviles, según los ritos prescritos en los libros litúrgicos. Debe observarse la antigua tradición de colocar bajo el altar fijo reliquias de Mártires o de otros Santos, según las normas litúrgicas” (una práctica muy extendida desde el siglo IV)

¿Qué nos recuerdan las reliquias?

Muchas iglesias también tienen reliquias de sus santos patronos, de las cuales, los fieles, el rinden veneración en las ocasiones apropiadas.

Y efectivamente, los informes de milagros y favores de Dios de los que tiene registro la Iglesia, continuaron en conexión con la intercesión de un santo y/o la veneración de sus reliquias.

Las reliquias nos recuerdan la santidad de una persona y su cooperación en la obra de Dios, que imitaron en fidelidad todas las virtudes de Cristo.

Al mismo tiempo, las reliquias nos inspiran en pedir oraciones a determinado santo y para suplicar la gracia de Dios para vivir el mismo tipo de vida que ellos vivieron, ¡llenos de fe!

One Comment

  1. la idea no es entrar en un debate religioso. la pregunta inicial está bien planteada, solo que usaste la Biblia en algunos casos cuando está más que claro que así como señalas el propósito de los milagros es la adoración de Aquel que los hace. nada, considero apropiado el tema quizas no coincidad con el tratamiento, pero aun así lo primordial es esto: Dios es quien hace el milagro. ¿O será posible hacer un milagro independientemente de Dios o contra Dios?

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