Los enemigos de la Virgen

Tomado de: Infocatolica

Virgen_New2Por el tiempo y energía que se dedica a debatir acerca de la perpetua virginidad de Nuestra Señora en foros de internet y páginas de apologética, un observador objetivo podría pensar que se trata de una doctrina central para el cristianismo, algo tan esencial a la revelación como la omnipotencia divina o la esencia trinitaria de Dios.

Pero no es así. De hecho, que María haya permanecido siempre virgen es una manifestación especial y maravillosa de la sobreabundante gracia de Dios, pero habría sido perfectamente posible que Jesús hubiera entrado al mundo de otra forma, incluso formando parte de una familia común y corriente.

También pareciera que el terreno natural de ese debate fueran las disputas doctrinales que la Iglesia mantiene con los cristianos de tradición protestante, que a pesar de reconocer la concepción virginal de NSJC, niegan vehementemente que su madre hubiera podido permanecer virgen durante toda su vida. Esto resulta por demás extraño, si consideramos que los protestantes originales, Lutero y Calvino, eran tanto o más insistentes en sostener la enseñanza tradicional cristiana al respecto.

Audiencia general del miércoles 19 de noviembre

El Santo Padre recuerda la llamada que todos tenemos a la santidad, y explica los pequeños pasos que nos pueden ayudar a alcanzarla

Tomado de Zenit.org

papa fcoCIUDAD DEL VATICANO, 19 de noviembre de 2014 (Zenit.org) – Publicamos a continuación el texto completo de la catequesis del Santo Padre en la audiencia general:

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Un gran don del Concilio Vaticano II ha sido el de haber recuperado una visión de Iglesia fundada en la comunión, y de hacer entendido de nuevo también el principio de  la autoridad y de la jerarquía en esta perspectiva. Este nos ha ayudado a entender mejor que todos los cristianos, en cuanto bautizados, tienen igual dignidad delante del Señor y están unidos por la misma vocación, que es la de la santidad. Ahora nos preguntamos: ¿en qué consiste esta vocación universal a ser santos? ¿Y cómo podemos realizarla?

En primer lugar debemos tener muy presente que la santidad no es algo que conseguimos nosotros, que obtenemos nosotros con nuestras cualidades y nuestras capacidades. La santidad es un don, es el don que nos hace el Señor Jesús, cuando nos toma consigo y nos reviste de sí mismo, nos hace como Él. En la Carta a los Efesios, el apóstol Pablo afirma que “Cristo ha amado a la Iglesia y se ha dado a sí mismo por ella, para hacerla santa”. Así es, realmente la santidad es el rostro más bello de la Iglesia, el rostro más bello: es descubrirse de nuevo en comunión con Dios, en la plenitud de su vida y de su amor. Se entiende, por tanto, que la santidad no es una prerrogativa solamente de algunos: la santidad es un don que es ofrecido a todos, ningún excluido, por lo que constituye el carácter distintivo de cada cristiano.

San Juan Pablo II y la Divina Misericordia

“La vida terrena de Juan Pablo II fue coronada con el mensaje central de su Pontificado, el de la Divina Misericordia”

Entrevista a Mª Ángeles Manglano, autora del libro “Orar con la Divina Misericordia” (Cobel Ediciones, 2010), sobre la relación entre Juan Pablo II, Santa Faustina Kowalska, y el mensaje de la Divina Misericordia.

1. ¿Por qué Benedicto XVI ha querido hacer coincidir la beatificación de Juan Pablo II con la fiesta de la Divina Misericordia?

Juan pablo II y RasingerAntes de especular sobre otros motivos, prefiero empezar con unas palabras de Benedicto XVI en 2008: “Juan Pablo II se convirtió (…) en apóstol de la Divina Misericordia. En la noche del inolvidable sábado 2 de abril de 2005, cuando cerró los ojos a este mundo, se celebraba precisamente la vigilia del segundo domingo de Pascua, y muchos observaron la singular coincidencia, que unía en sí la dimensión mariana –primer sábado del mes– y la de la Divina Misericordia”1. Al fijar la fecha de la beatificación de Juan Pablo II, el Papa ha querido subrayar con todavía más intensidad esa providencial “coincidencia”.

Basándome en esas palabras de Benedicto XVI, me atrevería a desgranar en tres ideas los motivos por los que el Romano Pontífice ha elegido esa fecha. La primera es que Benedicto XVI ha entendido, con la misma fuerza que su predecesor, la importancia de este mensaje para la sociedad moderna: “¡Cuánta necesidad de la misericordia de Dios tiene el mundo de hoy!”2, había afirmado Juan Pablo II. La segunda es que el Papa se da cuenta de que el mejor modo de propagar ese mensaje todavía más es poniéndolo bajo la intercesión del Papa polaco, que fue quien instituyó el Domingo de la Divina Misericordia en la Iglesia Universal. Y la tercera idea no es más que una consecuencia lógica de las dos primeras: ¿Qué mejor manera de propagar el mensaje de la Divina Misericordia que haciéndolo coincidir con el que probablemente vaya a ser el evento más multitudinario que tenga lugar en el Vaticano en este año 2011?

Enseñanzas de la Iglesia sobre la Virgen María

María, Madre de Dios

Profesión de fe mariana y desagravio. En la voz de sus Padres y Doctores, y del Magisterio.
Por: Jorge Sernani Panópulos. Ignacio García Llorente Tomado de: catholic.net

MARÍA FUE, ES, Y SERÁ

maria auxiliadoraEl honor de la Santa Madre de Dios fue muchas veces ultrajado a través de los siglos cristianos. Esas ofensas tuvieron indefectiblemente el rechazo de la Iglesia, y, en mayor o menor medida, el condigno desagravio.

También en nuestros tiempos es afrentada María Santísima, con afrentas más feroces, seguramente en razón de ser éstos “sus tiempos” según lo afirmaron los Sumos Pontífices, cuando Ella está mostrando su Realeza y Señorío al mundo. Por otra parte, los ataques actuales revisten sin duda más gravedad porque simultáneamente se ignoran –se minimizan o silencian- sus grandezas, y se pretende olvidar el lugar que Dios le diera en los tiempos y en la eternidad.

Por esos desgraciados motivos, cumpliendo con el sagrado deber de defender su honor, por voluntad de Nuestro Señor Jesucristo, y según la consigna dada solemnemente por el Papa Pablo VI en estos tiempos aciagos, de “mantener bien alto el nombre y el honor de María” (21 de nov. de 1964, clausura de la IIIª sesión del Concilio Vaticano II); y consecuentes con la afirmación del Cardenal Luigi Ciappi OP, teólogo papal de los Sumos Pontífices Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II, cuando decía que “la obra maestra del supremo Artífice, cual es la Madre de Dios, es un Misterio de belleza espiritual, de prerrogativas y glorias tan sublime que únicamente la luz de la Divina Revelación es capaz de manifestárnoslo dignamente.”

Por tanto debemos buscar esos rayos de luz superior en el Magisterio de la Iglesia y en la Tradición, para concentrarnos en la imagen de la “úmile et alta piú che creatura” -la más humilde y más alta criatura- (Dante).

Impulsados por el deseo de que sean recordadas, meditadas y difundidas las enseñanzas de la Iglesia sobre la Virgen María, en la voz de sus Padres y Doctores, y del Magisterio, para desagravio de su Corazón Inmaculado,presentamos las siguientes confesiones:

Lo que es el pecado y lo que no es

Dios juzga nuestros pecados tal como los tenemos en la conciencia.

Por: P. Jorge Loring del libro: Para Salvarte

5. Conviene instruirse bien de lo que es pecado y de lo que no lo es, pues si creo que algo es pecado grave -aunque de suyo no lo sea- y a pesar de eso lo hago voluntariamente, cometo un pecado grave.

«La educación de la conciencia es indispensable»122 .

«La formación de la conciencia es una grave obligación moral: el hombre está obligado a formar una conciencia recta.

»En caso contrario, se hace responsable de todas sus faltas, aun las cometidas con ignorancia»123.

«Una conciencia equivocada es culpable si se debe a despreocupación por conocer la verdad y el bien»124.

«La conciencia es la norma subjetiva próxima del actuar.

»Es decir, que en la determinación última, la conciencia decide.

»Esto parece obvio cuando se trata de la conciencia recta, asentada en criterios verdaderos.

»Pero, ¿también en caso de error invencible, el hombre ha de seguir el dictamen de su conciencia? La respuesta es afirmativa. (…)

»Pero la conciencia errónea plantea hoy serios problemas pastorales dado que, debido a la situación doctrinal confusa, (…) no es fácil discernir cuándo alguien está en ignorancia culpable, o simplemente se debe a que ha sido instruido en tales errores»125.

6. Por lo tanto, una acción pecaminosa no será pecado, si al hacerla yo no sé que es pecado.

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