¿Un elefante con la trompa para arriba es el principal adorno en tu sala? ¿Detrás de tu puerta hay una herradura? ¿Tienes tu casa decorada con cuarzos, péndulos o calaveras? ¿En la entrada de habitaciones no falta la sábila con moños rojos?… “Deshazte de ellos, limpia tu hogar y a tu familia de todo objeto de idolatría, porque lejos de traer suerte, fortuna y protección, le estás dando la espalda a Dios y vas directo a iniciar una relación con el mundo de Satanás”. Es lo que afirma en esta entrevista el sacerdote Guillermo Barba Mojica, coordinador de Exorcistas de la Arquidiócesis de México que difunde la propia web eclesial.
“Lo más peligroso de estas prácticas es que desprecian nuestra fe; y lo que es peor, lesionan gravemente nuestra relación con el Dios del amor, el Dios de la misericordia que cuida de nosotros y que nos ama con un amor eterno, puesto que ponemos en su lugar ídolos, es decir, objetos a los que se les atribuye un poder sobrenatural”, puntualiza el conocido y polémico sacerdote.
¿Cómo ser felices y tener una familia feliz? ¿Quién me puede ayudar a conseguirlo? ¿Está la felicidad al alcance de todas las personas? ¿Podemos buscar y descubrir la felicidad en nuestro interior y en las cosas sencillas y cotidianas?
Los padres tienen la obligación de poner todos los medios a su alcance para conseguir la mayor felicidad posible para todos los componentes de la familia, aportando sus conocimientos y los medios disponibles a su alcance. Todas las respuestas y alguna más las leeremos a continuación.
1. Buscar siempre, en cada lugar, en cada momento, ante cualquier persona, la paz, la serenidad y el equilibrio interior como el don más preciado. Solo desde la tranquilidad del espíritu se puede acceder a la verdadera felicidad.
2. Definir claramente cuál es el proyecto personal de vida que queremos tener, amar ese proyecto, procurar que uno de los puntos claves sea hacer el bien, la generosidad y la actitud de servicio y entregarse con ilusión a la realización del mismo.
3. Disfrutar cada día de lo que se es y de lo que se tiene, pero, sobre todo, disfrutar sabiendo que con un buen proyecto de vida se contribuye a que otros sean menos desgraciados o un poco más felices.
4. Enriquecerse con la práctica del perdón y de la generosidad, como el dar y el compartir, como salir de uno mismo y sentir los éxitos y felicidad de los demás como propios.
5. La felicidad siempre camina de la mano de la verdad. La mentira y la falsedad, antes o después, acabaran por llevarle a la ruina física y moral.
6. La ira y la ansiedad son las mayores causantes de la infelicidad y la desdicha. Controlar bien los nervios, sin permitir que le mal humor y las actitudes violentas le dominen. Los hijos y la pareja no tienen la culpa de la mayoría de las situaciones que han provocado la ira en los padres, y si la tuvieran, hay que buscar la mejor forma de olvidarla.
7. La naturaleza está rebosante de vida, de verdad, de bondad y de belleza, ámela con todas sus fuerzas, llénese de élla y vívala.
8. Mantener una buena higiene mental aceptando lo bueno y lo malo del pasado de cada uno, sin permitir que el futuro inquiete, para poder vivir siempre un presente de plenitud en el que la alegría de vivir sea una constante.
9. Pensar siempre que el bien, la bondad, el éxito y la belleza están en cada uno. Si se lo propone, puede entrenar la mente y el corazón para ser positivo, tener éxito y ver belleza y bondad en cuanto haga o le suceda.
10. Perdón. Jamás se olvide de perdonarse, de tratarse con ternura, de valorarse, de ser su propio mejor amigo y de aceptarse como cada uno es. No haga depender su felicidad de lo que los demás piensen y digan de cada uno. La felicidad autentica se genera en su interior, desde dentro hacia afuera, y no al revés.
CIUDAD DEL VATICANO, 05 de noviembre de 2014 (Zenit.org) – Publicamos a continuación el texto completo de la catequesis del Santo Padre durante la audiencia general:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hemos escuchado las cosas que el apóstol Pablo dice al obispo Tito. Pero, ¿cuántas virtudes debemos tener los obispos? ¿Hemos escuchado todos no? Y no es fácil, no es fácil porque nosotros somos pecadores pero nos confiamos en vuestra oración para que al menos nos acerquemos a estas cosas que el apóstol Pablo aconseja a todos los obispos. ¿De acuerdo? ¿Rezareis por nosotros?
Ya hemos tenido forma de subrayar, en las catequesis precedentes, como el Espíritu Santo colma siempre la Iglesia de sus dones, con abundancia. Ahora, en la potencia y en la gracia de su Espíritu, Cristo no deja de suscitar ministerios, para edificar las comunidades cristianas como su cuerpo. Entre estos ministerios, se distingue el episcopal. En el obispo, asistido por presbíteros y diáconos, está Cristo mismo que se hace presente y que continúa cuidando de su Iglesia, asegurando su protección y su guía.
¿Por qué y para qué los diversos colores en la celebración litúrgica?
El color como uno de los elementos visuales más sencillo y eficaces, quiere ayudarnos a celebrar mejor nuestra fe. Su lenguaje simbólico nos ayuda a penetrar mejor en los misterios celebrados:
“La diversidad de colores en las vestiduras sagradas tiene como fin expresar con más eficacia, aún exteriormente tanto las características de los misterios de la fe que se celebran como el sentido progresivo de la vida cristiana a lo largo del año litúrgico.” (Misal romano – IGMR 307)
Los colores actuales de nuestra celebración:
Actualmente el Misal (IGMR) ofrece este abanico de colores en su distribución del Año Litúrgico:
a) Blanco:
Es el color privilegiado de la fiesta cristiana y el color más adecuado para celebrar:
-La Navidad y la Epifanía
-La Pascua en toda su cincuentena
-Las Fiestas de Cristo y de la Virgen, a no ser que por su cercanía al misterio de la Cruz se indique el uso del rojo. -Fiestas de ángeles y santos que no sean mártires.
-Ritual de la Unción
-Unción y el Viático
ALBA: Del latín “alba”, “blanca”. Es el vestido que se considera básico de todos los ministros que se revisten para la celebración litúrgica, desde los acólitos hasta el presidente (Cf IGMR n.298).
Deriva de las túnicas antiguas, blancas, hasta los pies, que se perdieron en el uso civil, pero que se consideró que podían utilizarse simbólicamente en el culto, destacando con el vestido diferente de los ministros la diferencia entre la vida y la celebración.
El alba se utiliza con cíngulo a la cintura, a no ser que ya quede por sí bien adherida al cuerpo, y con ámito sobre el cuello, a no ser que ya lo haga el alba por su forma (Cf IGMR nn.81 y 298)
También tiene un sentido bautismal esta vestidura blanca. El domingo segundo de Pascua, o sea, en la octava de Pascua, se solía deponer el “alba”, el vestido blanco que habían recibido los neófitos en su Bautismo una semana antes. Por eso este domingo se llamó “dominica post albas”, y más tarde “dominica in albis”.
ÁMITO: En latín “amictus”, de “amicio, amicire”, rodear, envolver. Se llama así a la pieza de lienzo blanco, rectangular, a modo de pañuelo de hombros, que visten los ministros de la liturgia debajo del alba. Se ata a la cintura con unas tiras o cintas cruzadas.
A veces tiene forma de capucha, adornada o no con cruces u otros motivos, que luego sobresale por encima de los otros vestidos (alba y casulla).
Puede tener la finalidad práctica de preservar del sudor al alba. Pero sobre todo se aprecia su valor estético: cubrir más elegantemente el cuello. Por eso se puede prescindir del ámito si ya el alba cuida de esta estética por su forma (Cf IGMR, n.81)
Yo creo, Señor; en Ti
que eres la Verdad Suprema.
Creo en todo lo que me has revelado.
Creo en todas las verdades
que cree y espera mi Santa Madre
la Iglesia Católica y Apostólica.
Fe en la que nací por tu gracia,
fe en la que quiero vivir y luchar
fe en la que quiero morir.
Padre Nuestro
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
Amén
Ave María
Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo,
bendita tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre Jesús.
Santa María, madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
Gloria
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en el pricipio, ahora y siempre.
Por los siglos de los siglos.
Amen
Los diez Mandamientos
1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
2. No dirás el nombre de Dios en vano.
3. Santificarás las fiestas.
4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
5. No matarás o no asesinarás.
6. No cometerás actos impuros
7. No robarás.
8. No dirás falsos testimonios.
9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
10. No codiciarás los bienes ajenos.
Las Bienaventuranzas
Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.
Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos.
(Mt 5,3-12)
Veni Creator Spiritus
Ven Espíritu creador;
visita las almas de tus fieles.
Llena de la divina gracia los corazones
que Tú mismo has creado.
Tú eres nuestro consuelo,
don de Dios altísimo,
fuente viva, fuego, caridad
y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tú el dedo de la mano de Dios,
Tú el prometido del Padre,
pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.
Enciende con tu luz nuestros sentidos,
infunde tu amor en nuestros corazones
y con tu perpetuo auxilio,
fortalece nuestra frágil carne.
Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto tu paz,
siendo Tú mismo nuestro guía
evitaremos todo lo que es nocivo.
Por Ti conozcamos al Padre
y también al Hijo y que en Ti,
que eres el Espíritu de ambos,
creamos en todo tiempo.
Gloria a Dios Padre
y al Hijo que resucitó de entre los muertos,
y al Espíritu Consolador, por los siglos de los siglos.
Amén.
Oración a San Miguel
Arcángel San Miguel, defiéndenos en la lucha, sé nuestro amparo contra la maldad y las asechanzas del demonio. Pedimos suplicantes que Dios lo mantenga bajo su imperio; y tú, Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el poder divino, a Satanás y a los otros espíritus malvados, que andan por el mundo tratando de perder a las almas. Amén.