Divorcio y declaración de nulidad matrimonial no son lo mismo
Por: Jorge Enrique Mújica | Fuente: Actualidad y Análisis
¿Por qué la Iglesia acepta la nulidad matrimonial y no el divorcio? ¿No es la nulidad una forma de divorcio “a la católica”? Estas dos preguntas suelen presentarse con regularidad en la vida de muchas personas.
Ante todo debemos aclarar contextos y conceptos. El contexto del divorcio es el civil del cual, generalmente, se ocupa el Estado como una forma de regular la vida de sus ciudadanos. Se habla de “declaración de nulidad matrimonial” en ámbito eclesial católico. El significado de ambos términos, sin embargo, no es equivalente.
Mientras por divorcio se entiende la disolución por sentencia del matrimonio (con cese efectivo de la convivencia conyugal) la “declaración de nulidad matrimonial” supone el reconocimiento público de la Iglesia de que dos personas, en realidad, nunca estuvieron casadas.
La casuística para llegar a un veredicto de este tipo por parte de la Iglesia es amplio. Ciñéndonos a algunas de las motivaciones más comunes pueden encontrarse la de imposibilidad de engendrar hijos (con desconocimiento de la otra parte contrayente), la no intención de fidelidad perpetua en matrimonio monógamo, el no querer hacer y entender con el matrimonio lo que hace y entiende la Iglesia católica, casarse por amenaza, etc. Las diócesis suelen estar dotadas de juzgados ante los cuales se tratan los casos de las personas que buscan el reconocimiento de nulidad matrimonial.
Como se puede advertir, divorcio y declaración de nulidad matrimonial no son lo mismo. El primero supone romper una realidad existente y el segundo reconocer que, de hecho, es realidad matrimonial nunca existió.
Yo creo, Señor; en Ti
que eres la Verdad Suprema.
Creo en todo lo que me has revelado.
Creo en todas las verdades
que cree y espera mi Santa Madre
la Iglesia Católica y Apostólica.
Fe en la que nací por tu gracia,
fe en la que quiero vivir y luchar
fe en la que quiero morir.
Padre Nuestro
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
Amén
Ave María
Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo,
bendita tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre Jesús.
Santa María, madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
Gloria
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en el pricipio, ahora y siempre.
Por los siglos de los siglos.
Amen
Los diez Mandamientos
1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
2. No dirás el nombre de Dios en vano.
3. Santificarás las fiestas.
4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
5. No matarás o no asesinarás.
6. No cometerás actos impuros
7. No robarás.
8. No dirás falsos testimonios.
9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
10. No codiciarás los bienes ajenos.
Las Bienaventuranzas
Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.
Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos.
(Mt 5,3-12)
Veni Creator Spiritus
Ven Espíritu creador;
visita las almas de tus fieles.
Llena de la divina gracia los corazones
que Tú mismo has creado.
Tú eres nuestro consuelo,
don de Dios altísimo,
fuente viva, fuego, caridad
y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tú el dedo de la mano de Dios,
Tú el prometido del Padre,
pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.
Enciende con tu luz nuestros sentidos,
infunde tu amor en nuestros corazones
y con tu perpetuo auxilio,
fortalece nuestra frágil carne.
Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto tu paz,
siendo Tú mismo nuestro guía
evitaremos todo lo que es nocivo.
Por Ti conozcamos al Padre
y también al Hijo y que en Ti,
que eres el Espíritu de ambos,
creamos en todo tiempo.
Gloria a Dios Padre
y al Hijo que resucitó de entre los muertos,
y al Espíritu Consolador, por los siglos de los siglos.
Amén.
Oración a San Miguel
Arcángel San Miguel, defiéndenos en la lucha, sé nuestro amparo contra la maldad y las asechanzas del demonio. Pedimos suplicantes que Dios lo mantenga bajo su imperio; y tú, Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el poder divino, a Satanás y a los otros espíritus malvados, que andan por el mundo tratando de perder a las almas. Amén.