La Santa Sede y el Holocausto nazi

Hitler tardó solo tres días en convocar nuevas elecciones. Con una mayoría absoluta por escaso margen, los nazis aprobaron una ley de plenos poderes. Un año después, el 2 de agosto de 1934, fallecía el presidente alemán, mariscal Hindenburg. Tan solo una hora después, se anunció que se unificaban los puestos de presidente y canciller en la persona de Hitler. Se convocó un plebiscito para ratificar la medida, y gracias a la poderosa maquinaria de propaganda nazi en manos de Goebbels, el 19 de ese mismo mes el pueblo alemán votó afirmativamente por abrumadora mayoría y Adolf Hitler se convirtió en amo absoluto de Alemania.

Desde 1930, tanto Pío XI como la jerarquía católica alemana mostraron su preocupación por las consecuencias del pensamiento nazi. Los obispos redactaron cartas pastorales con ocasión de las elecciones, recordando los criterios morales sobre el voto y las ideas que resultaban inaceptables para un católico. No puede decirse que los católicos recibieran con indiferencia esas declaraciones, pues el gran ascenso nacionalsocialista se registró sobre todo en las zonas de mayoría protestante.

Poco después del triunfo nazi de 1933, los obispos alemanes publicaron otra carta colectiva del episcopado que hablaba con enorme claridad sobre cómo los principios nazis de la sangre y de la raza conducían a injusticias gravemente contrapuestas a la conciencia cristiana. También enviaron un mensaje al gobierno, manifestando la repulsa unánime del episcopado católico ante esos atropellos.

Ante esto, Hitler pensó que sería más práctico intentar abrir una brecha entre los obispos alemanes y la Santa Sede. Esta fue una de las razones por las que vio con buenos ojos la posibilidad de firmar con la Santa Sede un concordato.

En la Santa Sede acogieron bien la idea del concordato, pues pensaban que era mejor intentar entenderse con los regímenes hostiles a la Iglesia, como se había demostrado, por ejemplo, con ocasión de la reciente república española. La Iglesia no se hacía muchas ilusiones con ello, pero consideraba que al menos serviría de referencia para denunciar previsibles abusos que cometieran las autoridades alemanas, y quizá así mitigarlas.

Es difícil calibrar hasta qué punto sirvió para lograr ese objetivo, pero no parece que fuera muy desacertado aquel concordato de 1933 si se tiene en cuenta que sigue hoy todavía vigente.

El gobierno nazi incumplió el concordato desde el primer momento y hostigó a la Iglesia de diversos modos. Organizó, por ejemplo, una campaña de desprestigio con varios procesos amañados contra personalidades eclesiásticas.

En enero de 1937 se desplazaron a Roma, con la máxima discreción, los principales representantes del episcopado alemán (los cardenales Bertram, Faulhaber y Schulte, y los obispos Preysing y von Galen), para solicitar una nueva intervención pontificia que condenara formalmente el nazismo.

De ahí nacería la encíclica “Mit brennender sorge“ (Con ardiente preocupación), que hubo de ser introducida en el país de modo clandestino y fue leída el domingo 21 de marzo de 1937 en los 11.000 templos católicos alemanes. Fue un aldabonazo enorme. La denuncia de la ideología y la conducta nazis era clarísima: racismo, divinización del sistema, etc. No faltaban referencias a lo que hoy se denominaría “culto a la personalidad”.

Nunca el régimen nazi recibió en Alemania una contestación semejante a la que se produjo con la ”Mit brennender sorge“. Al día siguiente, el órgano oficial nazi, “Volskischer Beobachter“, publicó una primera réplica a la encíclica que, sorprendentemente, fue también la última. El ministro alemán de propaganda, Joseph Goebbels, advirtió enseguida la fuerza que había tenido esa declaración y, con el control total de prensa y radio que ya tenía por esas fechas, decidió que lo mejor era ignorarla completamente.

—Pero en Austria me parece que la actitud de la jerarquía católica no fue tan firme…

Cuando Hitler invade Austria en marzo de 1938, aquella anexión —el “anschluss“—, fue en general bastante bien recibida, por la inestabilidad que sufría Austria y por la imagen que el régimen alemán había logrado adquirir con la activa propaganda nazi.

En ese ambiente de euforia, Hitler, que era austriaco de nacimiento, llegó a Viena y se entrevistó con el cardenal Innitzer, del que logró con engaño una desafortunada declaración del episcopado austriaco en que se le daba la bienvenida y se ensalzaba el nacionalsocialismo alemán.

Enseguida vio lnnitzer que había cometido un grave error, y añadió una nota aclaratoria. Como era de suponer, la propaganda nazi aireó la declaración, pero omitiendo toda referencia a esa nota aclaratoria. Innitzer fue llamado a Roma y a los pocos días publicó una rectificación mucho más contundente. Solo después fue recibido por Pío XI, pues hasta entonces no había querido hacerlo. La respuesta nazi fue ignorar la rectificación, suprimir las organizaciones juveniles católicas, la enseñanza de la religión y hasta la Facultad de Teología de lnnsbruck. El palacio arzobispal de lnnitzer fue asaltado y arrasado por las juventudes hitlerianas.

La acción más prudente y eficaz

— ¿Y no debían haber formulado condenas aún más públicas y explícitas de lo que fueron?

Con el estallido de la guerra, el régimen nazi se radicalizó. Las grandes deportaciones y el exterminio programado de los judíos comenzó en la segunda mitad de 1942. Están apareciendo ahora numerosos documentos que prueban que los gobiernos aliados estaban bastante bien informados de esas atrocidades, y que la Santa Sede hizo tenaces y continuos esfuerzos para oponerse a todos esos terribles atropellos. El aparente silencio de la Santa Sede durante una etapa de la guerra escondía una acción cauta y eficaz para evitar en lo posible esos crímenes.

Las razones de tal discreción están explicadas claramente por el propio Papa en diversos discursos, cartas al episcopado alemán y deliberaciones de la Secretaría de Estado. Las declaraciones públicas solo habrían agravado la suerte de las víctimas y habrían multiplicado su número. No puede perderse de vista que las declaraciones podían ser contraproducentes y hacer que los nazis radicalizaran más aún sus posturas, como pronto se comprobó.

Por ejemplo, cuando la jerarquía católica de Ámsterdam se quejó públicamente en julio de 1942 del trato que se daba a los judíos, los nazis multiplicaron las redadas y las deportaciones durante las siguientes semanas, de modo que fueron exterminados más del 90 % de los judíos que había en la capital holandesa.

Sor Pascualina Lenhert, asistente entonces de Pío XII, ha narrado cómo en agosto de 1942 el Papa decidió destruir una nota de protesta por todo aquello mientras afirmaba: «si la carta de los obispos holandeses ha costado cuarenta mil vidas humanas, mi protesta tal vez costaría doscientas mil. Por ello es mejor no hablar oficialmente y actuar en silencio, como lo he hecho hasta ahora, haciendo todo lo que es humanamente posible por esta gente».

Ese fue el motivo por el que prefirió la protesta por vía diplomática, que fue muy intensa. Los esfuerzos se encaminaron a procurar salvar vidas e influir ante los países satélites de Hitler para que impidieran a las SS alemanas actuar impunemente en su territorio. Se consideraba lo más práctico, y una visión retrospectiva parece confirmarlo, pues así se salvaron cientos de miles de vidas.

Siguiendo las directas instrucciones de Pío XII, muchos sacerdotes y religiosos hicieron posible la salvación miles de judíos durante la ocupación alemana de Italia, poniendo en peligro su misma vida. Mientras el ochenta por ciento de los judíos europeos murieron en aquellos años, el ochenta por ciento de los judíos italianos pudieron salvarse.

Sólo en Roma, más de ciento cincuenta conventos y monasterios ofrecieron refugio a unos cinco mil judíos. Al menos tres mil se salvaron en la mismísima residencia papal de Castel Gandolfo, librándose así de la deportación en los campos de concentración alemanes.

También en Rumanía los estragos habrían sido mucho mayores sin las gestiones que realizó, entre otros, Mons. Roncalli, futuro Juan XXIII y entonces delegado apostólico en Turquía.

En otros países la Iglesia no pudo conseguir demasiado, pero lo intentó con todos los medios a su alcance. De hecho, cuando terminó la guerra, entre los pocos a quienes las organizaciones judías podían manifestar su agradecimiento figuraba la Santa Sede y unas cuantas personalidades e instituciones de la Iglesia católica, empezando por el propio Papa Pío XII.

El prestigioso historiador hebreo David Dalin asegura que más de setecientos mil judíos fueron salvados por la acción caritativa de la Iglesia en aquellos años tan difíciles. Dalin resalta especialmente la gran altura moral y humanitaria de Pío XII: «Durante el siglo XX el pueblo judío no tuvo un amigo más grande. Durante la Segunda Guerra Mundial, Pío XII salvó más vidas de judíos que cualquier otra persona, incluso más que Raoul Wallenberg o Oskar Schindler. Su silencio en determinados momentos fue una eficaz estrategia orientada a proteger al mayor número posible de judíos de la deportación. Una denuncia explícita y dura contra los nazis por parte del Papa hubiera sido una invitación a la represalia, y hubiera empeorado las disposiciones hacia los judíos en toda Europa. Tenemos pruebas de que, cuando el obispo de Münster quiso pronunciarse en contra de la persecución de los judíos en Alemania, los responsables de las comunidades judías de su diócesis le suplicaron que no lo hiciera, pues hubiera provocado una represión más dura contra ellos».

El teólogo judío Pinchas Lapide, que prestó servicios de cónsul de Israel en Milán y entrevistó a los judíos italianos sobrevivientes, asegura que la Iglesia católica salvó más judíos durante la guerra que todas las demás iglesias, instituciones religiosas u organizaciones juntas, incluidas la Cruz Roja y las democracias occidentales.

Fueron muchos los cristianos que arriesgaron su vida para salvar personas de raza judía. El hecho de que algunos no lo hicieran pudo ser una muestra de poco espíritu cristiano, pero también es verdad que no es fácil hacer un juicio moral retrospectivo sobre lo que los demás debían haber hecho bajo las condiciones extremas de un Estado totalitario como el nazi.

Las actuaciones diplomáticas del Papa o de la jerarquía católica pudieron ser más o menos afortunadas en aquella coyuntura política concreta. La Iglesia, al acercarse a este o a otros momentos de su historia, no tiene inconveniente en reconocer ante el mundo los errores que hayan podido cometer algunos de sus miembros, pero junto a la petición de perdón hay que poner empeño por conocer lo que realmente sucedió.

Nunca estará de más reflexionar sobre cómo pudo producirse aquella barbarie nazi, y observar que no fue la crueldad aislada de un grupo de desaprensivos, sino la proyección política de toda una serie de ideas que venían gestándose en la mente europea (no solo alemana) desde más de un siglo antes. Eran teorías materialistas, biologistas, romántico-hegelianas y nihilistas, que configuraron un estilo y un núcleo neopaganos cuyas manifestaciones más salvajes fueron las ideologías nazi y comunista.

Otras fuentes sobre el tema:

http://www.zenit.org/es/articles/dos-historiadores-y-el-papel-de-la-santa-sede-durante-el-holocausto-judio

http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=3074

http://www.aleteia.org/es/religion/articulo/pio-xii-y-el-holocausto-esto-es-lo-que-hay-en-el-archivo-secreto-5842324089208832

4 Comments

  1. Una verdadera lástima que este artículo no termina su desarrollo. Me gutaría haber podido leer esta opinión. pero si no censuran estos datos que les pongo aqui muchos de ustedes podran enterarse de algunos sucesos en aquella época. Pero si de aqui los censuran yo se los puse en NuevoMundo

    Como parte bien ponderable de lo que la cristiandad católica ha hecho o asumido en sus prácticas hay suficiente historia que contar. El vaticano como principal ente político y religioso de los católicos, desde sus inicios ha estado envuelto en guerras de poder y sangre. La Segunda Guerra Mundial es uno de esos ejemplos que dan testimonio de como estuvieron implicados. Solo un par de ellos para rememorar… Pués como dijera acertadamente un excelente cristiano testigo de Jehová: “si a cada perro que te ladra le das una patada, no llegaras muy lejos”

    Churchill denuncia la ‘ramería’
    En su libro de 1948 The Gathering Storm (La tempestad se forma), Winston Churchill informa que Hitler nombró a Franz von Papen ministro alemán en Viena para que “socavara o se ganara a las principales personalidades de la política austriaca”. Churchill cita estas palabras que el ministro de los Estados Unidos en Viena dijo acerca de Von Papen: “Del modo más denodado y cínico […] Papen pasó a decirme que […] se proponía usar su reputación de buen católico para ganar influencia entre austriacos como el cardenal Innitzer”.
    Después que Austria hubo capitulado y los invasores nazis habían entrado en Viena, el cardenal católico Innitzer ordenó que todas las iglesias austriacas izaran la bandera de la esvástica, tocaran las campanas y oraran por Adolf Hitler en honor de su cumpleaños.
    ¿Quién fue Von Papen? Franz von Papen, Caballero Papal, fue un canciller. Según unos historiadores Von Papen tenía la visión de un nuevo Sacro Imperio Romano, a través del Nazismo y Hitler.
    La obra histórica de William L. Shirer The Rise and Fall of the Third Reich (La subida y caída del Tercer Reich) declara de Von Papen que “ningún alemán fue más responsable que él de la subida de Hitler al poder”. En enero de 1933, Von Schleicher, ex canciller alemán, dijo de Von Papen: “Demostró ser un traidor de tal calaña que a su lado Judas Iscariote es un santo”.
    El 20 de julio de 1933 el Vaticano desplegó su interés en el poder en ascenso del nazismo cuando el cardenal Pacelli (quien después llegó a ser el papa Pío XII) firmó en Roma un concordato entre el Vaticano y la Alemania nazi. Von Papen firmó el documento como representante de Hitler, y Pacelli confirió allí a Von Papen la elevada condecoración papal de la Gran Cruz de la Orden de Pío. En su libro Satan in Top Hat (Satanás en sombrero de copa), Tibor Koeves escribe sobre esto: “El concordato fue una gran victoria para Hitler. Le dio el primer apoyo moral que había recibido del mundo, y de la fuente más ensalzada”. El concordato requería que el Vaticano dejara de apoyar al Partido Central Católico alemán, y así aprobaba el “estado totalitario” de un solo partido de Hitler. Además, su artículo 14 declaró: “El nombramiento de arzobispos, obispos y otros por el estilo se emitirá solo después que el gobernador, instalado por el Reich, se haya asegurado debidamente de que no existen dudas respecto a puntos políticos generales”. Para fines de 1933 (proclamado “Año Santo” por el papa Pío XI), el apoyo del Vaticano se había convertido en un factor importante en el empuje de Hitler hacia la dominación mundial.

    ‘ORACION BELICA’ POR EL REICH
    Con ese encabezamiento salió en la primera edición del periódico The New York Times del 7 de diciembre de 1941 el siguiente artículo:
    “Obispos católicos de Fulda piden bendición y victoria…
    La Conferencia de Obispos Católicos Alemanes
    reunida en Fulda ha recomendado que se introduzca una ‘oración bélica’ especial que ha de ser leída al principio y al final de todos los servicios divinos.
    La oración suplica a la Providencia que bendiga con victoria las armas alemanas y otorgue protección a la vida y salud de todos los soldados.
    Los obispos también dieron al clero católico la instrucción de guardar una observancia y recordar en un sermón dominical especial por lo menos una vez al mes a los soldados alemanes ‘en tierra, mar y aire’”.
    Este artículo fue retirado de ediciones posteriores del periódico. El 7 de diciembre de 1941 fue el día en que Japón, aliado de la Alemania nazi, atacó a la flota estadounidense en Pearl Harbor.

    La historia cuenta con muchos más registros. Usted mismo los puede buscar si desea.

  2. Sinceramente pienso como católico, que hay que observar bien la posición de la Iglesia en esos momentos, recordemos el contesto histórico en que se enmarca la toma del poder por parte de Adolf, Alemania se encuentra muy convulsa, devastada por la primera guerra mundial, y ven el ascenso de a Hitler como su salvación, pensemos también que quien se iba a imaginar que él era un psicótico, enfermo, con ideas racistas, clasistas, xenofobista, y con más trastornos que no vale la pena mencionar. De igual forma admito que nos equivocamos, muchos obispos alemanes compartieron con Hitler sus ideas, y las apoyaron totalmente, aún después de que la Santa Sede se declarara en contra, y por esta razón no se ha cesado de pedir perdón, son errores con los que tendremos que cargar por siempre. Resaltar también la gran labor que llevó la Iglesia salvando la vida de miles de judíos, bajo el mandato del tan vilipendiado Eugenio Pacelli, Pío XII quien aún bajo la amenaza de ser invadidos por Alemania, los apoyó. No es bueno ver solamente lo que queremos ver, los errores de la Iglesia, es verdad hemos cometidos muchos, pero
    debemos tener en cuenta que aunque tengamos la asistencia del Espíritu Santo somos seres humanos, y nos equivocamos, y por eso nunca debemos de cesar de pedir perdón, yo aquí mismo pido perdón por todos aquellos que erraron, que fuero débiles y que mancillaron el rostro de Cristo permitiendo que algo tan trágico como el holocausto haya sido también labrado por católicos.

  3. Hola no sé por qué el artículo quedó cortado, pero lo que si sé es que no iba ha hablar tan mal del papel de la Iglesia en la 2GM, tengo que decir que aunque los judíos fueron por mucho la población más afectada, muchos católicos también lo fueron, y no solamente por los nazis, muchos son los sistemas políticos que han arremetido contra la iglesia, y aunque también debo admitir que algo de razón tienen, muchos obispos alemanes estuvieron de acuerdo, y apoyaron totalmente a Hitler en su locura, por eso hemos perdido perdón, y no nos cansaremos de pedirlo, pero no solamente podemos ver lo malo.
    El pontificado de Pio XII coincidió con la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y los primeros estadios de la Guerra Fría. La Iglesia Católica fue reprimida bajo el Imperio Nazi y bajo los entonces denominados estados comunistas establecidos en el Centro y Este de Europa después de la guerra. La Iglesia Católica fue sistemáticamente reprimida por los Nazis y fue más severa en la Polonia ocupada, donde las iglesias, seminarios, monasterios y conventos fueron sistemáticamente cerrados y miles de clérigos y monjas fueron o asesinados, o hechos prisioneros o deportados. Más de sesenta millones de católicos fueron sujetos a los mandatos estalinistas desde el Río Elba en Alemania hasta Taiwán después de la Segunda Guerra Mundial. Deportaciones masivas de poblaciones católicas del Este de Europa hasta Siberia y persecuciones a la Iglesia que siguieron desde los nuevos territorios adquiridos. Durante la época de Joseph Stalin, la Iglesia experimentó las persecuciones más sistemáticas de su historia en los países orientales. Según John Cornwell, la Iglesia tuvo que enfrentar el dilema de: hacer compromisos con los regímenes para sobrevivir o resistir o enfrentar el riesgo de aniquilación. Para salvaguardar su fe, el Vaticano intentó por los dos medios en repetidas ocasiones. Unos pocos años después de la muerte de Joseph Stalin en 1953, la persecución disminuyó en grados diversos en Polonia y Yugoeslavia. En Alemania del Este y Hungría, estuvo sujeta al desarrollo de ataques, pero fue capaz de continuar algunas de sus actividades, pero a muy reducida escala. En Albania Bulgaria, Checoslovaquia y Hungría la persecución continuó hasta el punto de enfrentar la extinción. En tierras de China la Iglesia dejó de “existir” al menos públicamente, durante el pontificado de Pio XII.Tras tomar el poder en 1933, y a pesar del contrato firmado con la Iglesia prometiendo lo contrario, el gobierno Nazi de Adolfo Hitler empezó a reprimir a la Iglesia Católica como parte de una política totalitarista de eliminar fuentes de autoridad que les hacían competencia. Los nazis arrestaron a miles de miembros del Partido del Centro Católico Alemán, además de clérigos católicos y cerró institutos y escuelas católicas. A medida que el Tercer Reich se expandía, miles de más clérigos católicos fueron hechos prisioneros o asesinados y las instituciones católicas deshechas por los Nazis.El gobierno nazi clausuró las publicaciones católicas, disolvió la Liga de la Juventud Católica y miles de sacerdotes, monjas y líderes imputados con falsos cargos.
    También tenemos que mencionar al tal vez el mártir más conocido San Maximiliano Kolbe, un sacerdote católico que murió en uh campo de concentración a causa de su fe.
    Esto es sólo una muestra de lo tanto que hizo nazismo contra la Iglesia, entonces, después de esto aún seguimos creyendo que la Iglesia apoyó al Nazismo??

  4. Hola no sé por qué el artículo quedó cortado, pero lo que si sé es que no iba ha hablar tan mal del papel de la Iglesia en la 2GM, tengo que decir que aunque los judíos fueron por mucho la población más afectada, muchos católicos también lo fueron, y no solamente por los nazis, muchos son los sistemas políticos que han arremetido contra la iglesia, y aunque también debo admitir que algo de razón tienen, muchos obispos alemanes estuvieron de acuerdo, y apoyaron totalmente a Hitler en su locura, por eso hemos perdido perdón, y no nos cansaremos de pedirlo, pero no solamente podemos ver lo malo.
    El pontificado de Pio XII coincidió con la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y los primeros estadios de la Guerra Fría. La Iglesia Católica fue reprimida bajo el Imperio Nazi y bajo los entonces denominados estados comunistas establecidos en el Centro y Este de Europa después de la guerra. La Iglesia Católica fue sistemáticamente reprimida por los Nazis y fue más severa en la Polonia ocupada, donde las iglesias, seminarios, monasterios y conventos fueron sistemáticamente cerrados y miles de clérigos y monjas fueron o asesinados, o hechos prisioneros o deportados. Más de sesenta millones de católicos fueron sujetos a los mandatos estalinistas desde el Río Elba en Alemania hasta Taiwán después de la Segunda Guerra Mundial. Deportaciones masivas de poblaciones católicas del Este de Europa hasta Siberia y persecuciones a la Iglesia que siguieron desde los nuevos territorios adquiridos. Durante la época de Joseph Stalin, la Iglesia experimentó las persecuciones más sistemáticas de su historia en los países orientales. Según John Cornwell, la Iglesia tuvo que enfrentar el dilema de: hacer compromisos con los regímenes para sobrevivir o resistir o enfrentar el riesgo de aniquilación. Para salvaguardar su fe, el Vaticano intentó por los dos medios en repetidas ocasiones. Unos pocos años después de la muerte de Joseph Stalin en 1953, la persecución disminuyó en grados diversos en Polonia y Yugoeslavia. En Alemania del Este y Hungría, estuvo sujeta al desarrollo de ataques, pero fue capaz de continuar algunas de sus actividades, pero a muy reducida escala. En Albania Bulgaria, Checoslovaquia y Hungría la persecución continuó hasta el punto de enfrentar la extinción. En tierras de China la Iglesia dejó de “existir” al menos públicamente, durante el pontificado de Pio XII.Tras tomar el poder en 1933, y a pesar del contrato firmado con la Iglesia prometiendo lo contrario, el gobierno Nazi de Adolfo Hitler empezó a reprimir a la Iglesia Católica como parte de una política totalitarista de eliminar fuentes de autoridad que les hacían competencia. Los nazis arrestaron a miles de miembros del Partido del Centro Católico Alemán, además de clérigos católicos y cerró institutos y escuelas católicas. A medida que el Tercer Reich se expandía, miles de más clérigos católicos fueron hechos prisioneros o asesinados y las instituciones católicas deshechas por los Nazis.El gobierno nazi clausuró las publicaciones católicas, disolvió la Liga de la Juventud Católica y miles de sacerdotes, monjas y líderes imputados con falsos cargos.
    También tenemos que mencionar al tal vez el mártir más conocido San Maximiliano Kolbe, un sacerdote católico que murió en uh campo de concentración a causa de su fe.
    Esto es sólo una muestra de lo tanto que hizo nazismo contra la Iglesia, entonces, después de esto aún seguimos creyendo que la Iglesia apoyó al Nazismo??
    Si quieres profundizar más puedes ir a este enlace.
    https://es.wikipedia.org/wiki/Persecuciones_a_la_Iglesia_Cat%C3%B3lica_en_la_Segunda_Guerra_Mundial_y_a_P%C3%ADo_XII

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