Tomado de facebook COCC
Foto Padre Valentín Sanz
Arquidiócesis de Santiago de Cuba, 11 de diciembre de 2015:La noticia de que la popular artista visitaría el Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad en El Cobre ya había sido difundida días antes. Ella misma lo había manifestado en un popular programa de la televisión cubana, de ahí que las expectativas en el pueblo crecieron rápido y fueron muchos los santiagueros que pensaron en alistarse para no perderse la ocasión.
La misa fue programada para la tarde del domingo 6 de diciembre. Desde temprano el templo se fue llenando de fieles y visitantes del Cobre y un poco más allá. Por fin, un poco antes de lo previsto, una pequeña caravana de autos anunciaba que había llegado la esperada peregrina. Luego de saludos y una sencilla bienvenida en la entrada del Santuario, lo primero, como hace todo peregrino al llegar allí, sería el ofrecimiento de flores de ella y su familia a la Madre.
Fue un momento íntimo y sentido. En silencio, allí en el lugar del que tanto había escuchado hablar, junto a la Virgencita, se hallaba esta mujer que ha pisado grandes escenarios y que en ese momento se acercaba, sin cámaras, luces, ni artificio alguno a este sitio sagrado para poner con humildad a los pies de la María, sus intenciones por su familia, en especial por la salud de su hija.
La misa, presidida por el padre Jorge Catasús, responsable de la Comisión Diocesana para la Cultura, acompañado de los padres Valentín Sanz y Gustavo Cunill, párroco del Cobre, comenzó poco después de las 3.30 p.m. Durante la homilía el padre Catasús invitó a los presentes a reflexionar sobre el Adviento, la espera, la misericordia y María, que con el nombre de Caridad y Providencia ha acompañado y acompaña la historia y la fe de los pueblos de Cuba y Puerto Rico.
En el recuerdo de todos los presentes quedará especialmente ese espacio de tiempo después de la comunión cuando, en un gesto muy espontáneo, ella dejó su lugar para unirse al coro e invitar a todos a participar del canto y luego como parte de esa acción de gracias regalar a los presentes su testimonio de mujer y de madre, ante todo de creyente, agradecida y siempre suplicante.
Su oración a la Madre fue conmovedora y sincera, de esas que solo suelen hacerse en un lugar como el Santuario. En medio de un respetuoso silencio y con el fondo tenue de la música que Melvin Rodríguez, director del coro de la parroquia del Cobre, tuvo la gentileza de interpretar, su súplica se convirtió en la súplica de todos los presentes: jóvenes o ancianos, cercanos o lejanos, creyentes o no.
Antes de la despedida y el ofrecimiento de las velas, un último un deseo, regalar a los presentes unos Rosarios, bendecidos al final de la misa, con la expresa intención de invitar a la gente a rezar a Dios y a la Virgen, siempre, en todo momento y ante cualquier circunstancia.
Fue una tarde intensa, sentida, con emociones de los más diversos tonos e intensidades. Fue un tiempo que sirvió para expresar amor y fraternidad, de corazón a corazón, y que quedará como símbolo de cómo la fe, la música, el respeto, la buena voluntad y el amor pueden unir personas, caminos e intenciones y hermanarlas con lazos verdaderamente perdurables.
Testimonio-plegaria de Olga Tañón al finalizar la Misa del 6 de diciembre de 2015 en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad
Aleluya, aleluya, aleluya…
Y no gobierne la corrupción,
sino lo bueno y lo mejor del alma pura.
Porque Dios nos proteja de un mal final,
porque un día podamos escarmentar
porque acabe toda furia…
Aleluya, aleluya, aleluya…
Aleluya, aleluya, aleluya…
Aprendamos a decir, gracias Padre!
Yo estoy muy emocionada de estar aquí en El Cobre. Voy a pedirle a Papá Dios que me de mucha fortaleza, porque hace mucho tiempo tenía muchas ganas de venir, me contaban y me contaban pero ni siquiera sabía que en este viaje iba a poder visitar esta maravillosa iglesia.
Pero una iglesia, esto que es cemento, no es nada sin la gente que viene a pedirle a Papá Dios que entre en su vida y que entre en su corazón. Yo he venido hoy, no solamente a entregarle a Jesús y a María la salud de mi hija Gabriela, sino la salud de cada uno de nosotros y la salud de cada hijo de esa Madre.
La Virgen de la Caridad tiene a su Hijo en un brazo y a la cruz en el otro. Yo siempre he sentido como católica ferviente, nosotras las que somos madres siempre con algún hijo, con alguna situación de la vida tenemos una cruz cargada… pero Papá Dios ha sido muy misericordioso conmigo, y me atrevo a decir aunque yo sea divorciada, por medio del Papa Francisco les digo: recen el rosario, a través de él Papá Dios realiza muchos milagros.
Llamen a la mamá de Jesús, que interceda por cada uno de nosotros; porque cuando hay más de uno unidos en oración surge el milagro maravilloso y Papá Dios siempre está ahí. Vengan a la Iglesia, no le tengan miedo a Papá Dios, uno siente la Gracia. La hora del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo uno se siente bien rico, bien sabroso por dentro. Dejemos el orgullo, nosotros decimos que estamos bien ocupados, pero nosotros tenemos tiempo.
Yo le pido a Dios, que derrame su misericordia sobre este pueblo de Cuba, que los bendiga desde donde comienza el mar hasta lo más alto de la montaña y que los hombres seamos capaces de perdonar, como me enseñó mi papá. Una de las cosas más maravillosas que me enseñó; él me dijo “Mija, aprende a perdonar 70 veces siete”, yo le dije “Papi, pero eso es mucho”, y entonces me dijo “Por eso, porque hay que perdonar siempre, aunque a veces nos hinque una costilla vamos a perdonarnos; y tenemos que perdonarnos porque a veces nos llenamos al boca hablando de que queremos un milagro, pero tenemos coraje con todo el mundo, entonces, ¿cómo queremos que Papá Dios nos brinde un milagro de amor?”
Por eso estoy aquí, no para ser ejemplo de nadie, sino para decirle a Cuba que no vine aquí para traer la música de Olga Tañón, vine a Cuba a decirle a todos, señores vamos a orar. En el mundo están pasando muchas cosas, a lo mejor aquí faltan muchas cosas, pero no pasa lo que pasa en tantos países que están pasando cosas horribles. Papá Dios nos oye, Jesús no murió por nosotros en vano, Jesús murió por nosotros para perdonar nuestros pecados y está dándote la mano ahí, para que tú le digas ¡dale!
Yo me imagino que de mí, tiene que estar harto, porque yo me “arreguindo” de Papá Dios y no le suelto, y Él me dice, “Échate pa’lla”, pero no me suelto de Papá Dios al fin y al cabo Él es quien me da la fortaleza para comenzar porque tengo una hija y dos hijos, y son los que tenemos que seguir echando para adelante.
Tengo un privilegio muy grande de estar en Cuba, y mi misión, y la misión de mi esposo, de mi madre y de mis hijos no es precisamente es de política. A mí la política no me interesa, porque no me interesa lo que divida a la gente, no me interesan las cosas que dividan a un pueblo. A mí me interesa que todos nosotros nos miremos, porque cada uno de nosotros somos iguales, porque no nos define la vestimenta que tengamos, a cada uno de nosotros nos define nuestro corazón, lo que hagamos con él.
Yo tengo un amigo que le dije, “ahora te toca a ti la oración”, y me dijo “yo nunca he hecho una oración en mi vida”, y tiene mi misma edad, tiene 48 años. Y la hizo. Pero ayer antes del concierto me dijo, sabes qué Olga, oré!!!… Wuao, yes!!!… Oré porque este concierto te saliera bien. Yo le agradezco porque nos salió bien, porque Papá Dios es Misericordioso y nos bendijo al final, a los que estuvieron allí, al maestro Joaquín Betancourt, y a todos y cada uno… nos bendijo con un maravilloso arcoíris y con el mayor bautizo que es su lluvia.
Gracias a todos ustedes los cubanos, que a lo mejor nunca voy a saber el nombre de ninguno, pero créanme que han calado muy pero muy profundo en mi corazón.
Dense la oportunidad también de tenerse misericordia, no solamente Jesús debe tener misericordia con nosotros, sino nosotros tener misericordia de los niños también especiales de su país. No los miremos diferentes porque no son diferentes, si nosotros miramos a los niños con discapacidad diferentes, los diferentes somos nosotros. Recuerden que un pueblo que ora, es un pueblo bendecido por Jesús.
Aquí estuvo el papa Francisco, y yo estoy con el corazón ensanchado por lo mucho que lo amo y por lo mucho que ha hecho en la vida de muchos de nosotros. A ustedes le agradezco la oportunidad y a esa Virgen… Señora, Madre de Jesús, aquí le dejo la salud de mi hija para que interceda con su Hijo Jesús… si es que tiene un tiempito, ve, después que pueda curar a muchos casos que le hace falta curarlos primero que a ella. Todas las madres que tenemos hijos especiales sufrimos, y ahora no le habla la cantante, porque ya usted sabe cómo soy yo… le dice a su Hijo, por favor, Jesucristo, que cuando tenga un tiempito me le eche una mano, que a veces es muy duro… por favor. Se lo pido con toda la fe del mundo y con toda la mayor humildad del mundo. Siga bendiciendo este pueblo, y gracias por hacer la diferencia en nuestra alma y en nuestro corazón, porque cómo tú no existe ninguna mujer en el mundo y tú, me vas a comprender porque tú eres Mamá de Jesús y tú sufriste también; y tú lo dejaste ir cuando murió en la cruz… échame una manita Madrecita, échame una manita…
Aleluya, aleluya, aleluya…



