La familia es escuela de comunión y perdón, recuerdan en santuario de Torreciudad

Tomado de Aciprensa.com

El santuario mariano de Torreciudad, España, acogió el fin de semana del 1 y 2 de septiembre la tradicional Jornada Mariana de la Familia, en cuya multitudinaria Misa el Prelado del Opus Dei, Mons. Fernando Ocáriz, destacó la importancia de la familia en el plan salvífico de Dios.

En su homilía, Mons. Ocáriz señaló que, aunque se encuentre en dificultades, la familia es “una escuela de comunión, de perdón, de solidaridad”, y recordó que la Sagrada Familia de Nazaret también atravesó padeció adversidades.

“En el Evangelio –señaló– hemos visto cómo un ángel tranquilizó a San José, en un momento complicado para la historia de la familia de Nazaret. ¡Qué asombroso es contemplar cómo María y José encontraron también dificultades para sacar adelante su familia!”.

En este sentido, explicó que “la historia de su hogar no es una historia idealizada: sí, la Sagrada Familia fue sin duda la más feliz que ha habido y habrá en la tierra, pero no por eso dejaron de tener que afrontar contrariedades y problemas”.

Monseñor Ocáriz, Prelado del Opus Dei, en Torreciudad

El Prelado del Opus Dei aseguró que “las familias pueden dar luz y calor a otras familias, a amigos, vecinos, compañeros de estudio o de trabajo”, y que “para conseguirlo, no es necesario esperar a que todo en la propia casa marche a la perfección”.

“Esta es, en efecto, la roca que da estabilidad a la familia: el designio amoroso y sabio de nuestro Creador y Padre sobre ella. Por eso, queremos conocer y apreciar cada vez más los rasgos de ese maravilloso plan de Dios, y difundirlos con alegría en toda la sociedad”, concluyó.

Ordenación sacerdotal

Durante la Jornada Mariana de la Familia, el Obispo de Cuenca, Mons. José María Yanaguas, ordenó sacerdotes a tres diáconos de la prelatura del Opus Dei.

El Obispo recordó que el sacerdocio “no es oficio de media jornada, es vocación, pasión que consume, ambición de llegar a todos”.

Además, les animó a ser “sacerdotes alegres, llenos del amor de Dios, deseosos de sacrificaros sin reservas, asumiendo gozosamente vuestro nuevo oficio y poseídos por la alegría del Evangelio, como nos pide el Papa Francisco”.

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