San Nicolás de Bari y la economía familiar

Tomado de es.aleteia.org

Al santo obispo, que tiene fama de muy milagrero, le podemos pedir por las necesidades económicas del hogar

San Nicolás de Bari vive en el siglo XXI con una imagen muy asociada a Santa Claus, que reparte regalos a los niños del mundo entero. Esta relación del santo con los bienes materiales no es de extrañar.

El auténtico santo, que fue obispo de Mina (Turquía) a caballo entre los siglos III y IV, recibió sepultura en aquella ciudad pero siglos más tarde, para evitar los saqueos de los musulmanes, los fieles cristianos trasladaron sus restos a Italia, concretamente a Bari, donde son todavía hoy venerados.

Desde entonces, la fama de milagrero de San Nicolás se ha ido extendiendo por el mundo.

Entre las cosas que se le piden a san Nicolás están los medios materiales para sacar adelante la familia. A san Nicolás se le puede pedir:

  • que nos encuentre un trabajo.
  • que nos aumenten el sueldo.
  • que encontremos los recursos ante un gasto imprevisto en la casa.
  • que podamos pagar la hipoteca.
  • protección para la casa (de inundaciones, plagas, incendios o terremotos).
  • un buen matrimonio (incluido lo material) para los hijos.
  • que nos ayude cuando algo se estropea (una tubería o un electrodoméstico, por ejemplo).

La devoción a san Nicolás para encomendarle la economía familiar quedó subrayada con la “Leyenda Aurea”, unos escritos del dominico italiano Jacopo della Varagine, que en el siglo XIII reunió leyendas y cuentos piadosos para mostrar modelos de vida a los cristianos y favorecer la piedad. La mayor parte de ellos no tienen rigor histórico, pero ayudaron a promover la devoción.

 

La Leyenda Dorada sobre san Nicolás cuenta que había un hombre muy pobre que tenía tres hijas. Debido a la penuria económica que atravesaban, decidió prostituirlas.

 

San Nicolás, al conocer estos deseos tan execrables del padre, una noche dejó caer por la chimenea de la casa unas monedas de oro, que cayeron en los calcetines de las jóvenes. De este modo, las chicas tuvieron dote y se pudieron casar.

De ahí que muchas personas encomendaran al santo obispo la obtención de cuanto se necesita en la casa.

San Josemaría animaba a poner bajo la intercesión de san Nicolás la economía familiar. Para ello, se puede tener en casa una imagen del santo y rezarle la jaculatoria: “Sancte Nicolae, curam domus age”, que traducido del latín significa “San Nicolás, cuida de la casa”.

Cuando nos angustie una preocupación económica, también podemos rezarle una novena:

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Himno

Desde este mar tormentoso,
Oh, Padre San Nicolás,
Conduce al puerto seguro
Desde la patria celestial.
De las luchas de la vida
Y mortales tempestades
Sálvanos por tu favor
Y virtudes singulares.
Siempre acudes en socorro
De cuantos tu auxilio imploran:
Enfermos y navegantes
Pobres o ricos te invocan.
Por tu santidad eximia
E intercesión poderosa,
Haz que elegidos seamos
A la eternidad dichosa.
A los fieles que devotos
Vuestro culto propagamos
Haznos merecer la gloria
Amando a nuestros hermanos. Amén

Oración de petición

¡Oh glorioso San Nicolás! Desde aquella morada de luz, en que gozas de la presencia divina, vuelve piadoso tus ojos hacia mí, y alcánzame del Señor aquellas gracias y auxilios convenientes a mis presentes necesidades, tanto espirituales como corporales, y en particular la gracia (mencionar aquí la intención de la novena), si es que conviene para mi eterna salvación.

Protege también, oh Santo Obispo, a nuestro Sumo Pontífice, a la Iglesia y a todo el pueblo cristiano. Conduce al camino recto de la salvación a los que viven sumidos en el pecado o envueltos en las tinieblas de la ignorancia, del error y de la herejía.

Consuela a los afligidos, socorre a los necesitados, conforta a los pusilánimes, defiende a los oprimidos, asiste a los enfermos; y haz que todos experimenten los efectos de tu intercesión ante el Señor, quien es el dispensador de todos los bienes. Amén.

Súplica

¡Oh bienaventurado San Nicolás de Bari! Al que acuden las familias, los pobres, los enfermos, los comerciantes, los empleados, los presos, los niños, las doncellas en peligro;

Yo, humildemente te pido me alcances la gracia que de ti espero, confiado en tu valiosísima protección, la que nunca niegas a tus devotos, para que favorecidos por tus bondades, cantemos una vez más las misericordias del Señor, y las maravillas de sus santos. ¡Providentísimo San Nicolás! No me abandones.

Oración final

Imploramos, Señor, suplicantes, tu misericordia, y por tu intercesión de San Nicolás, Obispo, guárdanos de todos los peligros, para que se nos muestre expedito el camino de salvación. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén.

Mientras estemos en la tierra vamos a necesitar medios materiales y humanos, tanto para el sostenimiento de la propia familia como de aquellas tareas apostólicas que el Señor nos pida que promovamos o que colaboremos de alguna manera en ellas. Los bienes económicos son eso: bienes; se convierten en males cuando no sirven para hacer el bien, cuando hay un apegamiento desordenado que impide ver los sobrenaturales. San León Magno enseña que Dios no sólo nos ha dejado los bienes espirituales, sino también los corporales (8), para que los orientemos al bien humano y sobrenatural de los demás.

El mismo Jesús enseñó a los Apóstoles la necesidad de emplear medios humanos. En la primera misión apostólica les indicó expresamente: no llevéis bolsa ni alforja… Les deja sin apoyo material alguno para que vean que es Él, Jesús, quien da la eficacia. Comprendieron entonces que las curaciones, las conversiones, los milagros no se debían a sus cualidades humanas, sino al poder de Dios. Sin embargo, cuando está ya próxima la partida, complementa aquella primera enseñanza: ahora, el que tenga bolsa, que la lleve; y del mismo modo alforja (9). Aunque los medios sobrenaturales son los principales en todo apostolado, quiere el Señor que utilicemos todos los medios humanos a nuestro alcance como si no existiera ninguno sobrenatural; los económicos, también.

Jesús mismo, para realizar su misión divina quiso servirse a menudo de medios terrenos: unos cuantos panes y unos pececillos, un poco de barro, la ayuda material de aquellas piadosas mujeres que le seguían…

Cuando sintamos la necesidad en la familia, en las obras apostólicas en las que colaboramos, etc., no dudemos en acudir al Señor. No olvidemos cómo su primer milagro, por intercesión de Nuestra Señora, se realizó para sacar de apuros a unos recién casados en un asunto que no era de vital necesidad. ¿Cómo no nos va a atender a nosotros, si alguna vez le necesitamos? Pero no nos olvidemos tampoco de hacer todo lo que esté de nuestra parte, como aquellos sirvientes de Caná que llenaron de agua las tinajas hasta arriba (10): pusieron todo lo que estaba en sus manos.

Alguna vez, en situaciones económicas apuradas, este texto puede dar paz a nuestras almas: “Me encuentro en una situación económica tan apurada como cuando más. No pierdo la paz. Tengo la absoluta seguridad de que Dios, mi Padre, resolverá todo este asunto de una vez.

“Quiero, Señor, abandonar el cuidado de todo lo mío en tus manos generosas. Nuestra Madre ¡tu Madre! a estas horas, como en Caná, ha hecho sonar en tus oídos: ¡no tienen!… Yo creo en Ti, espero en Ti, Te amo, Jesús: para mí, nada; para ellos” (11).

 

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