¿Es necesario creer todo el Credo?

Tomado de es.la-croix.com

¿De dónde viene el Credo que recitamos en la misa? ¿Puede uno profesarse cristiano si no se cree todo lo que dice el Credo? Respuesta del P. Michel Kubler, asuncionista, autor de un Petit parcours de foi (Bayard).

Por Sophie de Villeneuve.

Sophie de Villeneuve: Cuando decimos “Yo creo”, ¿qué supone? ¿Es necesario adherir a todos los artículos del Credo para profesarse cristiano? Ha sido necesario, desde los inicios del cristianismo, que la Iglesia fije la fe, elabore una doctrina… El Credo que decimos en la misa ¿es un resumen de nuestra fe?

Michel Kubler: Sí, es un condensado de ella. Hay que saber que los dos Credos que hemos conservado en la liturgia latina no han aparecido en un contexto cualquiera. El primero, el más corto, el Símbolo de los apóstoles, es de origen más bien occidental, es el más tardío. El más largo, el Símbolo niceno-constantinopolitano, es más antiguo. Data de los concilios de Nicea (350) y de Constantinopla (381). Es el final de las persecuciones, el Edicto de 313 ha autorizado la religión cristiana, y entonces, la primera preocupación de los cristianos ya no es sobrevivir o hacer frente a las persecuciones, sino organizarse. No solamente organizar sus estructuras, sino también su pensamiento, en la formulación de su doctrina.

¿Los cristianos han discutido mucho entre ellos?

M. K.: Se estaba obligado a ello. Por supuesto, siempre había habido formas de herejías, cristianos que se apartaban un poco de los caminos establecidos desde los apóstoles. Pero la cuestión se ha hecho más urgente cuando ha sido necesario organizarse. En ese momento ha aparecido una gran crisis, a principios del siglo IV, con la herejía de Arrio. Arrio es un sacerdote, un teólogo de la Iglesia de Alejandría, que profesaba que Cristo era un hombre a quien Dios había revestido de una autoridad particular, quizás ungido con la divinidad, pero sobre todo, un hombre. Entonces ha sido necesario encontrar argumentos para contrarrestarle y declarar lo que era la recta fe.

Entonces, cuando se recita el Credo en la misa, ¿nos apoyamos en afirmaciones que datan de los primeros siglos?

M. K.: Sí, y es lo que explica un desequilibrio interno bastante sorprendente en los dos Credos, que dicen muchas cosas sobre Jesús, y bastante poco del Padre, y todavía menos del Espíritu Santo. Lo que es muy sorprendente para mí, que he vivido en Bucarest en un ambiente marcado por la ortodoxia. Pero si se habla tanto de Cristo es, porque ante esas herejías, fue necesario precisar claramente la fe cristológica de la Iglesia. Y después de nuestros dos Concilios de Nicea y de Constantinopla, la Iglesia tendrá todavía necesidad del Concilio de Calcedonia (451) para afinar las formulaciones de la fe cristiana que todavía hoy comparten los católicos, los protestantes y los ortodoxos.

Entonces, cuando uno se profesa cristiano, ¿es necesario adherir a todo lo que dice el Credo?

M. K.: Sí y no. Sí en el sentido de que la fe cristiana no es una fe “a la carta”. El Credo no es una carta de restaurante en la que se puede elegir tal o cual plato, ni una papeleta de lotería en la que se rascan números, es un todo. Pero tampoco se está en una lógica de constricción. No hay que decir que si se tienen dificultades con tal o cual afirmación del Credo, no se es cristiano; eso supondría una lógica de culpabilización que no me parece justa.

Muchos dicen que todo esto son dogmas, y que los dogmas se toman o se dejan…

M. K.: No, no se toma o se deja, la fe es la fe de la Iglesia antes de ser la mía. Yo me reconozco miembro de la Iglesia y la Iglesia me reconoce como uno de sus miembros porque comparto esta fe. Pero adherir al Credo no quiere decir que damos a todos los artículos la misma importancia. Sobre todo porque estas afirmaciones que hemos heredado del siglo IV están marcadas por su tiempo, en la proporción de los componentes de la fe, y también por el hecho de que partes enteras de la fe están ausentes.

¿Por ejemplo?

M. K.: Por ejemplo, está ausente del Credo toda la dimensión ética de la fe cristiana. La fe también es un comportarse, un poner por obra la fe, un hacer cristiano. Las Cartas del Nuevo Testamento, como los Padres de la Iglesia, nos dicen que si nuestra fe reside sólo en las palabras, no somos cristianos. La liturgia, la oración, la dimensión espiritual de la fe no se encuentran en el Credo. La fe se encarna, no es puramente cerebral.

¿Esto quiere decir que el Credo es incompleto?

M. K.: Sí, y hay que asumirlo así. Además, a lo largo de los siglos ha habido otros Credos, que no han recibido el mismo valor canónico que nuestros dos símbolos, pero que tienen el valor de referencia en la fe tal como se ha formulado en una u otra época. Uno de los últimos es el que Pablo VI formuló en 1968, apenas acabado el Concilio, ayudado, se dice por Jacques Maritain, un filósofo católico que era amigo suyo. Es muy largo, y si se tuviera que decir en la misa, se duplicaría el tiempo de la celebración, pero para Pablo VI esta fue una manera de actualizar la fe de la Iglesia en un momento en que se había hecho el aggiornamento (la renovación), no solamente de la liturgia y de la vida de la Iglesia, sino también de la comprensión que tiene de sí misma y de su fe.

Decir que no se cree en un artículo del Credo ¿es una blasfemia, una injuria a la fe cristiana?

M. K.: Seguramente no. La blasfemia es una afirmación que se hace, que los creyentes consideran ofensiva para su fe. La blasfemia no es una herejía, es un juicio, un insulto a Dios. Se blasfema dirigiéndose a Él: se es, pues, creyente. Un no creyente no blasfema, no tiene sentido, y los periodistas de Charlie Hebdo lo han recordado justamente. En relación al Credo, no se puede hablar de blasfemia si no se siguen todos sus artículos de igual manera. Además, algunos no se encuentran cómodos con una u otra frase del Padrenuestro, sobre todo la que se refiere al perdón o a estar sometidos al mal… Cada uno cree en Dios a su manera. La fe es universal, yo debo asumir la fe de la Iglesia si no quiero vivirla como un turista o quedarme fuera. Al mismo tiempo, es eminentemente personal, y si para decir mi fe me conformo con recitar un Credo, no soy cristiano. Porque la fe no es solamente un contenido al que adhiero, es un encuentro que tengo con Cristo.

¿Por qué hoy muchos cristianos dicen que no creen en la Resurrección?

M. K.: Es un verdadero problema. No se puede llamar cristiano si no se cree en la Resurrección. El núcleo de la fe es muy corto y muy sencillo; se encuentra en el capítulo 15 de la primera carta a los Corintios: “que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas y más tarde a los Doce, etc.”. Si uno no está de acuerdo con esto, no es cristiano; es algo que no se puede negociar. Usted puede adherir a la persona de Jesús, a su sabiduría, a la Iglesia que ha suscitado. Si usted no cree que Cristo ha muerto por usted y por cada hombre, si no piensa que está vivo hoy, para usted, para darle vida y hacer que el mundo viva, si no cree que se ha manifestado vivo a sus discípulos y a usted, sobre todo a través de los sacramentos, usted no es cristiana. Lo que no es grave, pues puede ser feliz sin ser cristiano.

Resumiendo, ¿es necesario adherir a lo esencial del Credo, que es la muerte y la resurrección de Jesús?

M. K.: Sí. ¡Y a todo lo demás, porque es coherente!

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