¿Qué es un milagro?

Tomado de es.la-croix.com

En la Escritura se habla a menudo de milagros. ¿Para qué sirven? ¿Son todavía actuales? Patrick Sbalchiero, historiador, autor del Dictionnaire des miracles et de l’extraordinaire chrétien (Fayard), nos da más detalles.

Por Sophie de Villeneuve.

¿Quién hace milagros? ¿Y qué se entiende exactamente por milagro?

Patrick Sbalchiero: La definición de la palabra ha cambiado un poco a lo largo de la historia. El milagro, desde el punto de vista de los creyentes, es un signo de Dios, revestido de un prodigio material, tangible, como una curación milagrosa, estigmas, etc. Yo añadiría que se trata de un prodigio que ninguna explicación natural puede explicar.

¿Ni la medicina, ni la psicología?

P. S.: Nada. Ninguna ciencia «pura», ninguna ciencia «humana» lo puede explicar, y si permanecemos en el ámbito de la fe, se puede hablar de milagro.

¿Es algo que se da a menudo?

P. S.: Es algo que, para los fieles, se da a menudo, o al menos los fieles piensan que se da a menudo. Desde el punto de vista de la Iglesia, es más raro.

¿La Iglesia es reticente a reconocer un milagro?

P. S.: Sí, la Iglesia es muy prudente, por dos razones: no hace del milagro una prueba de santidad; en los procesos de canonización sólo toma en cuenta los milagros que se producen después de la muerte del santo, no durante su vida. Porque desde hace mucho tiempo existen toda clase de fraudes, estatuas que lloran y otras cosas, toda clase de procedimientos químicos para hacer creer en cosas… La otra razón que lleva a la Iglesia a una gran prudencia es que desde hace mucho tiempo dialoga con el mundo de las ciencias. Sobre todo, en este ámbito de los milagros, tiene en cuenta los progresos de la medicina en particular, y de las ciencias en general.

¿Quiere usted decir que lo que ayer se juzgaba extraordinario hoy lo es menos?

P. S.: Así es. En la Edad Media, una tormenta que se calmaba durante una procesión del Santísimo Sacramento era vista como un milagro, mientras que hoy es una coincidencia meteorológica. Lo mismo pasa con alguna curaciones.

Sin embargo, hay santos que han hecho muchos milagros.

P. S.: Sí, pero otros entre los más populares no han hecho ninguno. Santa Teresa de Lisieux, no ha hecho ningún milagro en vida. Sólo una cosa: le habría sonreído una estatua de la Virgen, que habían puesto en su cuarto cuando, adolescente, estaba enferma. Pero no hay ninguna prueba de ello. Es el caso más típico de santos sin milagro. Al contrario, otros los han hecho: Padre Pío, Madre Yvonne-Aimée de Malestroit, Anne-Catherine Emmerich y muchos otros. Milagros de curación, clarividencia, inedia (ausencia de comida y de bebida)… Fenómenos que la medicina no puede explicar.

Padre Pío hace muchos milagros: bilocación, estigmas…

P. S.: Sí, y podía leer en la conciencia de las personas, tenía visiones… Algunos dicen que todo eso es fruto del inconsciente, que hay una parte de parapsicología… Hace algunos años se publicó una obra sobre el Cura de Ars, un santo de muchos prodigios, también él, titulado Le curé d’Ars, saint ou médium?. Los parapsicólogos aficionados o profesionales también tienden a poner estas manifestaciones en la cuenta del espíritu humano.

¿Los creyentes no necesitan milagros para ser confortados en su fe?

P. S.: Yo creo que todo el mundo necesita una parte emocional, milagrosa; algunos dirían de evasión… Lo que impresiona es que los milagros no faltan en la Biblia, de manera particular en el Nuevo Testamento. También esto hay que tratarlo con prudencia: cuando Cristo practica un exorcismo, ¿está curando a un epiléptico o liberando a un poseído? Sea lo que sea, es un milagro ante el que la ciencia de la época no podía explicar nada. Los milagros son fenómenos muy antiguos, que la Iglesia trata con prudencia, al mismo tiempo que incorpora la necesidad de un milagro para poder dar a alguien el estatuto de santo o beato. A no ser que haya muerto mártir.

Para la Iglesia, ¿cuál es el milagro más grande?

P. S.: La resurrección de Cristo. Además ha habido después, a lo largo de la historia, alegaciones de resurrección, pero hoy ya no. Algunos milagros pasan de moda, como la multiplicación de comida. Hasta el final de siglo XVII, algunos santos resucitaban, o habrían resucitado otras personas.

Para ser un verdadero creyente, ¿hay que creer en los milagros, o se puede pasar de ello?

P. S.: No es un objeto de fe. La fe tal como se expresa en el credo pide solamente creer en la resurrección de Jesucristo, no en otra cosa. Más bien, los milagros son un estímulo para la fe.

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