Sacerdote alienta a “recuperar la grandiosidad” de la Eucaristía

Tomado de Aciprensa.com

El P. Hugo Valdemar, canónigo penitenciario de la Arquidiócesis de México, hizo un llamado a que los católicos nos empeñemos “por recuperar la grandiosidad de la Eucaristía, y hacerla realmente el centro y culmen de nuestra vida”.

En su columna “Alarma sobre la misa”, publicada recientemente por el diario mexicano ContraRéplica, el sacerdote mexicano subrayó que la Eucaristía “no es un símbolo sino realmente el cuerpo y la sangre del Señor”.

El P. Valdemar reflexionó sobre un reciente estudio realizado en Estados Unidos que reveló que solo el 26% de los católicos menores de 40 años creen en la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

“Este es un dato escandaloso si tomamos en cuenta lo que dice el Vaticano II: la Eucaristía es el centro y culmen de la vida cristiana”, dijo el presbítero.

“¿Cómo puede ser el centro y el culmen de la fe un sacramento que, al igual que los protestantes, es solo un símbolo del cuerpo y la sangre de Cristo, pero en el que no está ahí la presencia real del Señor?”, cuestionó.

El P. Valdemar señaló que si bien “en México no se ha hecho un estudio”, advirtió que “hay signos exteriores preocupantes que nos hacen percatarnos cuán profundamente ha calado en nuestras comunidades la nefasta desacralización”.

“Por ejemplo: la manera inadecuada de vestirse e irrespetuosa de sentarse de los fieles que asisten a misa; entrar al templo sin hincarse ante el sagrario, llevar y consumir alimentos durante la celebración, contestar el celular durante la misma, permanecer de pie o todavía peor, sentados durante el momento solemne de la consagración, denota la misma soberbia de Satanás: ‘Non serviam’ ‘No te serviré’”.

El sacerdote lamentó también “la manera desparpajada en que se forman los fieles para recibir la comunión como si se fuera a recibir una galleta; y no hablemos de la música sacra que en muchas partes ha desaparecido y ha sido suplida por horrendas canciones llenas de sensiblería, sin verdadero contenido litúrgico”.

El presbítero alentó al final a hacer realidad en nosotros “las palabras de Jesús: ‘El que me coma vivirá por mí’”.

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