Historias y misterios del obelisco de plaza San Pedro

Tomado de es.aleteia.org

¿Sabías que es una meridana que marca las horas y que en uno de sus lados tiene escrito un exorcismo?

El obelisco del Vaticano, en el centro de la Plaza San Pedro contiene una serie de historias que van desde mitos a creencias paganas y cristianas que quizás nunca te imaginaste que podía poseer. Por ejemplo: las cenizas de un emperador, una reliquia de la verdadera cruz de Cristo, epígrafes con exorcismos antiguos, y también cumple la función de un reloj de sol.

Son varios los obeliscos que hay en Roma, pero este es uno de los más famosos desde la antigüedad. Es un obelisco de origen egipcio, sin jeroglíficos, de 25,5 m. de altura y que en la actualidad, con la agregación de la base y la cruz de bronce llega a casi 41 m.

Fue traído a Roma por Calígula, como decoración del circo que estaba construyendo en la colina Vaticana, llamado Circo de Gaio (nombre verdadero de Calígula) y Nerón, ya que fue este último en terminar la obra.

Verde: Circo Gaio y Nerón; Azul: Primera Basílica de San Pedr; Rojo: Actual Basílica de San Pedro

Después de la caída del imperio romano, fue el único obelisco que se mantuvo en pie, quizás porque se encontraba bastante cerca de los restos del apóstol San Pedro, el cual murió junto a tantos cristianos en el circo por mandato de Nerón. Esta es la razón por la que se construyó la primera basílica al lado de los restos de la necrópolis. Durante mucho tiempo, se creyó que, en la esfera de bronce colocada en lo alto del obelisco, se conservaba las cenizas de Julio César, o también del emperador Tiberio.

En 1586, mientras se estaba construyendo la segunda basílica el papa Sixto V bajo la dirección del arquitecto Giovanni Fontana, fue trasladada al centro de lo que es hoy la plaza de San Pedro. Se necesitó el trabajo de 900 hombres para ello. La esfera fue quitada por Fontana, el cual comprobó que no había cenizas dentro, ya que no tenía ninguna soldadura. El papa decidió poner fin a esa “impura superstición” colocando una cruz en lugar de la esfera, y haciendo grabar en su base de mármol una antigua formula de exorcismo:

Ecce crux Domini (“esta es la cruz del Señor ” – ostensión de la cruz);

Fugite partes adversae (“Huid, fuerzas del caos ” – un auténtico exorcismo);

Vicit Leo de tribu Juda (“Venció el león de la tribu de Judá ” – aclamación final).

En la cruz que hizo colocar Sixto V, se dice que también fue colocada una reliquia de la Santa Cruz de Cristo que Santa Elena trajo de Jerusalén, y se concedían indulgencias plenarias a quién venerara la cruz rezando un Padre Nuestro y un Ave María.

La esfera hoy se encuentra en los Museos Capitolinos. Curiosamente se puede ver que está llena de marcas de proyectiles, que datan del 1527, cuando fue saqueada Roma por Carlos V; sus lansquenetes mercenarios se divirtieron disparando y haciendo diana en la esfera, que todavía se encontraba en lo alto del obelisco.

En 1817, el obelisco fue transformado en meridiana o reloj de sol. Sobre el suelo en la mitad derecha de la plaza fue incorporada una sutil línea de granito que indica, en distintos puntos a lo largo del año, cuando es el mediodía, y es la cruz con su sombra la que muestra la hora mencionada, que cambia con el solsticio y el equinoccio, como se puede ver en la siguiente figura.

En la actualidad, miles de turistas se dan cita en el obelisco cuando van a visitar la basílica de San Pedro, o se detienen a descansar un momento a sus pies para luego proseguir su peregrinación, sin conocer todos estos misterios y creencias que el gran obelisco esconde a sus pies.

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