
Tomado de Formacioncatolica.org
¿De qué le vale al hombre conquistar el mundo entero, si pierde su alma? ¡Oh máxima poderosa, que tantas almas ha llevado al cielo y tantos santos ha dado a la Iglesia! ¿De qué sirve ganar todo este mundo, que muere, si se pierde el alma, que es eterna?
¡El mundo! ¿Qué es el mundo, sino una ficción, una jornada de comedia, que luego pasa? Llega la muerte, cae el telón, se acaba la comedia y se acabó todo.
San Alfonso María de Ligorio, al referirse sobre la vanidad del mundo nos recuerda que: «Todos los bienes de la tierra, las riquezas, los honores, los placeres deleitan los sentidos del cuerpo, pero no pueden saciar al alma que fue criada por Dios y para Dios, y este solo puede contentarla» y nos demuestra la triste y engañada vida que tienen los amadores de este mundo; y el gran peligro en que se encuentran de pasar otra todavía más infeliz en la eternidad.
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