¿Ha dicho el Papa que se salvarán “todos”?

Tomado de Infocatolica papa

Una nueva catequesis del Papa ha revolucionado las redes sociales y los medios de comunicación y se encuentran por doquier católicos perplejos. -Unos han entendido que el Papa ha dicho que el cielo no es un lugar sino un estado. -Otros andan diciendo que ha caído en herejía al negar la doctrina católica del infierno, afirmando que absolutamente todas las personas se salvarán. Le acusan de origenismo o universalismo. Aunque no es mi costumbre andar justificando todo lo que el Santo Padre dice y hace, otra vez quiero abordar el tema porque me molesta que estas personas, por causa de una comprensión mediocre, y sin la más mínima prudencia, se lancen a arremeter contra el Papa cayendo en juicio temerario  y calumnia. Puede leer la catequesis completa aquí: El fragmento que ha causado escándalo es este:

“He aquí la meta a la cual aspira la Iglesia: es como dice la Biblia la “Jerusalén nueva”, el “Paraíso”. Más que de un lugar, se trata de un “estado” del alma, en el cual nuestras expectativas más profundas serán cumplidas de manera superabundante y nuestro ser, como criaturas y como hijos de Dios, alcanzará la plena maduración. ¡Seremos finalmente revestidos de la alegría, de la paz y del amor de Dios en modo completo, sin más ningún límite, y estaremos cara a cara con Él! ¡Es bello pensar esto! Pensar en el cielo. Todos nosotros nos encontraremos allí. Todos, todos, allí, todos. Es bello. ¡Da fuerza al alma!”

Qué se entiende por laicos

Tomado de CONSTITUCION DOGMATICA “LUMEN GENTIUM” SOBRE LA IGLESIA

31 Por el nombre de laicos se entiende aquí todos los fieles cristianos, a excepción de los miembros que han recibido un orden sagrado y los que están en estado religioso reconocido por la Iglesia, es decir, los fieles cristianos que, por estar incorporados a Cristo mediante el bautismo, constituidos en Pueblo de Dios y hechos partícipes a su manera de la función sacerdotal, profética y real de Jesucristo, ejercen, por su parte, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo
El carácter secular es propio y peculiar de los laicos. Los que recibieron el orden sagrado, aunque algunas veces pueden tratar asuntos seculares, incluso ejerciendo una profesión secular, están ordenados principal y directamente al sagrado ministerio, por razón de su vocación particular, en tanto que los religiosos, por su estado, dan un preclaro y eximio testimonio de que el mundo no puede ser transfigurado ni ofrecido a Dios sin el espíritu de las bienaventuranzas. A los laicos pertenece por propia vocación buscar el reino de Dios tratando y ordenando, según Dios, los asuntos temporales. Viven en el siglo, es decir, en todas y a cada una de las actividades y profesiones, así como en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social con las que su existencia está como entretejida. Allí están llamados por Dios a cumplir su propio cometido, guiándose por el espíritu evangélico, de modo que, igual que la levadura, contribuyan desde dentro a la santificación del mundo y de este modo descubran a Cristo a los demás, brillando, ante todo, con el testimonio de su vida, fe, esperanza y caridad. A ellos, muy en especial, corresponde iluminar y organizar todos los asuntos temporales a los que están estrechamente vinculados, de tal manera que se realicen continuamente según el espíritu de Jesucristo y se desarrollen y sean para la gloria del Creador y del Redentor

Hoy se celebra a San Juan Damasceno, defensor de la veneración de imágenes

Tomado de Aciprensa

sanjuandamascenoROMA, 04 Dic. 14 / 12:01 am (ACI) .- Hoy 4 de diciembre la Iglesia celebra la Fiesta de San Juan Damasceno, Doctor de la Iglesia y defensor de la veneración de imágenes y reliquias de los santos. “Dado que ahora Dios ha sido visto en la carne y ha vivido entre los hombres, yo represento lo que es visible en Dios”, escribió el santo.

San Juan nació en Damasco, capital de Siria, y de aquí proviene su gentilicio de Damasceno. Vivió entre los siglos VII y VIII y creció en una familia cristiana acomodada. Insatisfecho de la vida de la corte, ingresó al monasterio de San Sabas, cerca de Jerusalén.

Fue ordenado sacerdote y, sin alejarse del monasterio, se dedicó a la ascesis, la actividad literaria y pastoral.

Por aquel entonces, el emperador de Constantinopla, León el Isaurico, prohibió el culto a las imágenes, siguiendo a los iconoclastas que acusaban a los católicos de adorar imágenes. Iconoclasta es una herejía que afirma que es superstición el uso de una imagen religiosa y pide que se destruya. Por ello los iconoclastas destruían las imágenes y perseguían a los que las veneraban.

Audiencia general del miércoles 3 de diciembre

El Santo Padre habla sobre su reciente viaje apostólico y pide que Turquía pueda construir un futuro de paz y representar un lugar de coexistencia pací­fica entre religiones y culturas diferentes

Por Zenit

papaCIUDAD DEL VATICANO, 03 de diciembre de 2014 (Zenit.org) – Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

Pero, no parece una jornada muy buena, un poco fea. Pero vosotros sois valientes, pero ‘al mal tiempo buena cara’ y vamos adelante.

Esta audiencia se desarrolla en dos lugares distintos, como hacemos cuando llueve. Aquí en la plaza y los enfermos están en el Aula Pablo VI. Yo ya les he visto, les he saludado y ellos siguen la audiencia a través de las pantallas gigantes porque están enfermos y no pueden estar bajo la lluvia. Les saludamos desde aquí con un aplauso, todos.

Hoy quiero compartir con vosotros algunas cosas de mi peregrinación a Turquía del viernes al domingo pasado. Como pedí prepararlo y acompañarlo con la oración, ahora os invito a dar gracias al Señor por su realización y para que puedan surgir frutos de diálogo tanto en nuestras relaciones con los hermanos ortodoxos, como con los musulmanes, y en el camino hacia la paz entre los pueblos. Siento, en primer lugar, el deber de renovar la expresión de mi reconocimiento al presidente de la República, al primer ministro, al presidente de los Asuntos Religiosos y a las otras autoridades que me han acogido con respeto y han garantizado el buen orden de los eventos. Y esto es trabajo, y ellos han hecho este trabajo con gusto. Doy gracias fraternalmente a los obispos de la Iglesia católica en Turquía, el presidente de la Conferencia Episcopal, muy bueno, y le doy gracias por su compromiso con las comunidades católicas. También doy gracias al patriarca ecuménico, su santidad Bartolomé I, por su cordial acogida. El beato Pablo VI y san Juan Pablo II, que ambos fueron a Turquía, y san Juan XXIII, que fue delegado pontificio en esta nación, han protegido desde el cielo mi peregrinación, que ha tenido lugar ocho años después de la de mi predecesor, Benedicto XVI.

Copiar en el examen final

Tomado de Infocatolica.

Cuando era escolar, durante un tiempo coleccioné trampas. No me refiero a las trampas de las “películas de chinos”, con pinchos o serpientes en el fondo de un pozo, sino a las formas en las que mis compañeros hacían trampas en los exámenes. Me resultaban fascinantes las mil y una tácticas que utilizaban para copiar sin que los profesores se dieran cuenta. Todo el esfuerzo que no empleaban en estudiar lo aplicaban a diseñar los trucos más complicados para copiar las preguntas del examen.

Recopilé decenas de casos reales, de “chuletas” como se dice en España, con las respuestas para los exámenes copiadas, por ejemplo, en pequeños rollos para desenrollar discretamente, en cilindros que se introducían dentro de los bolígrafos o incluso escritas con un alfiler en el propio plástico del bolígrafo. Otros escribían trabajosamente las respuestas a todas las posibles preguntas en folios oficiales de examen sustraídos en alguna ocasión anterior y los sacaban durante el examen en algún descuido del profesor. Había docenas y docenas de métodos para copiar sin ser descubierto.

Las cosas no siempre terminaban bien para los interesados. Recuerdo una ocasión en que todos los alumnos de una clase hicimos un examen extra de química para mejorar las notas obtenidas en el anterior, que había sido especialmente desastroso. Yo no tenía que entregar el examen, porque había sacado la máxima calificación en el anterior, pero como me repartieron las preguntas y no tenía nada que hacer, me puse a responder. Cuando se acabó el tiempo, observé atónito como un compañero, con una habilidad manual digna de un ilusionista, cambiaba rápidamente mis hojas por las suyas mientras se dirigía hacia la mesa del profesor, ponía rápidamente su nombre en mi examen y lo entregaba como si fuera suyo. A mí no me afectó, claro, porque yo no iba a presentar mi examen, pero lo que él no sabía es que a la mitad me había cansado de pensar las preguntas y había empezado a responder tonterías como “sulfato cósmico”. Las consecuencias, como es lógico, no fueron muy buenas.